4 abr 2013

Vestida a contraluz


Besarte. Tocarte. Que sobre lo demás. Tu voz aullando en el momento exacto en el que te desnudas de verdad.
Nada se compara a ser dos gatos recogiendo los pedazos de las sobras que nos hacen. Inventar miradas nuevas, bordar el día con la punta de los dedos, quedarnos secas y volver a bebernos, a debernos otro más.
El mejor sueño húmedo es el que se tiene después de hacerlo realidad. Un beso tuyo al aire que no se desperdicia si es tu brisa la que lo trae hacia mí.

Qué exacta le quedas a mis manos, ellas que convierten tu ropa en piel. Qué bien le queda a tus ojos mirarme, y como le gusta a los míos liberar tus prisioneros y alimentar tus ganas de verme. Qué fácil quitártelo todo y vestirte de mí, porque tu mejor baile lo diste conmigo mientras nos cubría la tarde.
No hay nada que me guste menos que algo que pueda esconderte. Ni tu ropa, ni tu miedo, ni tus dudas. Déjame arrancártelo todo, regalarte este vestido tejido con latidos de corazón erosionado. Que tú con tu sonrisa de etiqueta conquistas cualquier pub, siempre y cuando la conjuntes conmigo.

26 mar 2013

Mi salida


No sé qué me pasa y tampoco sé si quiero invertir tiempo en descubrir lo qué es. Tal vez sea el tiempo que llevo intentando averiguar por qué vivo al final de cada escalón donde tropiezo, quedándome a esperar que el siguiente no haga lo mismo que el anterior.

Vivo bien y todo eso está genial para darme cuenta que sé moverme, sé existir y pegarme esos bailes que la mayoría de las personas suelen declinar.
Saber existir no quiere decir que respirar lo sea todo. Quizás no sea suficiente el hecho de saber que vivo, quizás falte una buena razón, unos labios que sepan marcarme a mí como la diferencia abismal entre existir y existir para alguien. Aún no he encontrado a nadie capaz de convertir el agua que bebo en un buen vino, en brindar con él el roce fortuito de nuestros huesos, que acabarán desgastándose, enterrados por un roce similar al del placer, a la autodestrucción y muerte de los vanos intentos de significar.
A quién le importa
De dónde quiera escapar
Si ni si quiera la belleza interior de alguien
Puede hacerme levitar.
Eras la excepción y, como tal, debías ser excepcional. Has acabado presa de la ambigüedad de lo que ni yo misma concibo que somos.
Vamos, tú puedes, eres capaz de descongelar todo este tiempo perdido que se ha amontonado. Venga, tú puedes, detén esta coagulación de estigmas y cicatrices firmadas con otras bocas. Venga, tú puedes, hazme renacer de mis cenizas, sácame brillo con el tuyo.
Y cuando menos lo esperes, te habré dejado atrás como hago con cada arruga de mi colchón que pretende destacar

.

13 mar 2013

Éxtasis
















No cedes, no cedo. Tres mil golpes al estómago, un tirón de la ropa interior y volaremos por los aires dejándonos llevar por el estallido. Dices que apague la luz, que no quieres dejar que vea de qué sustancia estás hecha y no sabes que un cuerpo desnudo lo admiro mejor a oscuras.
Me han rozado tantas veces, agrietado mis comillas, que ya no sé ser sarcástica cuando me preguntas otra vez si alguna vez aprendí a volar raso sin que la gravedad pesara más que las mentiras. Las tengo todas, ellas, todas las que me han ido soltando, recopiladas en mi diccionario de cosas que decido creerme y otras de las que finjo no percatarme.
Nunca mi cuerpo le había quedado tan bien a otro. Y lo digo así, sin calmantes, aprovechando la resaca que tengo de beberte con unos grados de más en tu piel.
Tu nombre se resume en curvas, en mis serpenteos hasta llegar a tu cintura. Tu nombre, cuatro letras que pronuncio como si hubieran sido escritas para que yo las nombrara en un poema, cuando el mejor de todos ellos es el “Sigue” que precede al arrugar de las sábanas por tus dedos.
Qué bonita tu habitación desordenada, cuando es la ropa que te acabo de quitar la que cubre el suelo.


7 mar 2013

Poema de domingo por la noche

Esta noche se ha quedado a medias
porque faltan las tuyas tiradas
por mi habitación.
Esta noche permito que me grites,
lo que sin lugar a dudas
será nuestro pecado inconfesable.

Dile a tus clavículas
que tienen una cita conmigo,
en el mejor restaurante de esta ciudad
tejida a reojos.
Que si me tengo que colgar,
que sea de la comisura de tus labios,
cuando me agazapo un segundo antes
de hincarte el diente.

Esta noche no me faltas tú,
te hago falta yo a ti.
Que sin nosotras
la noche no sería más
que un día nublado.

Tú sabes
que somos las únicas
que se han atrevido
a beberse las estrellas,
a brillar por encima de todas ellas
sin necesidad de ser ingrávidas.

Porque las únicas herramientas
que necesito para inventarte
son los miles de poros
que rozo con los tuyos.
Y que si me tengo que equivocar,
sean tus gemidos los que acallen
mis errores.

Porque sé vivir
sin darle sentido a nada,
pero me gusta saborear
el que me das tú.

24 feb 2013

El punto medio



He perdido el tiempo de la mejor forma que he encontrado y es conociéndote. Horas que pasan, arrastrando los pies, en esta estación que me pide a gritos que me largue.
En cambio, aquí sigo, desafiando a esta ciudad una vez más, desafinando al contar las veces que te miré a los ojos y bajando al infierno en esas ocasiones en las que no lo hice. Me quedé, me guardé, comprimida, pequeña, absoluta, en tus pupilas sedientas. Me autodestruí para recobrarme lo que me debo y caí en el hecho que tengo más cuentas pendientes con tus pestañeos y tus labios a medias, que las que tendré jamás con cualquier astro que se precie.
Tus ojos, secuaces el uno del otro, grandes sicarios que golpean fuerte los puntos débiles que te dejo ver. Son marrones y azules, en el fondo, inmersos en el tiempo, inmensos como las horas que pierdo sentada esperando el siguiente autobús.
Son tus ojos enormes, profundos como los besos que me plantas en la boca, que riegas a mordiscos y crecen, cosechando las verdades que te digo.
He de confesar que no me gusta Madrid. Al menos, sin ti no, que sus paisajes y sus callejuelas bulliciosas son más bonitas con una tú riendo en primer plano y el resto del mundo en desenfoque.
Madrid no es nada sin tu boca haciendo manitas con tu hoyuelo, sin pillarte observándome de vez en cuando. El frío que hace aquí  sería igual que en todos lados de no ser por tus abrazos y esas sábanas que, cubriéndonos, nos hacen pasar inadvertidas al resto del planeta por unas horas. Esas horas que me haces ganar.

Podría hablar del color de tus labios, granates, como la sangre que a veces se me congela con tus distancias cortas.
Podría hablar del caminar de tus dedos por el puente de mi columna, donde me confesaste que te colgarías si te dejara. Podría hablar de tus recorridos a pasos titánicos por mis delirios de éxtasis.
Podría hablar de las calles en las que estuve, contigo enfrente, rellenándome los huecos con lo mucho que me hace falta.
Podría decir que a oscuras es cuando más hago que brillen tus ojos.
Y escribo pensando en tus acentos, en tus aciertos, en tus comas y en tus puntos suspensivos.
Escribo que podría hablar de que podría hablar mucho más de ti. Y sé que confías en que algún día lo haga.
Y sé que podría hablar de atiborrarme sólo de esos bocados que les doy de vez en cuando a esos dos buenos motivos pertenecientes al conjunto de los muchos que posees que me han llevado a putearme un poco, a reírme de asesinar un tiempo que no echaré de menos porque fue mi víctima por ti.
Mataré el tiempo por ti, romperé los relojes contra tus clavículas, tus escápulas, tus costillas. Contra tu fragilidad, para que se quede parado y nunca consiga ni irme ni colgarme de ella.

Podría hablar de lo bien que le queda al cielo tenerte debajo.


Porque chica, no me gusta Madrid, con su gente hambrienta de prisa y el consumismo como un alimento más. Una Madrid ebria del vino barato de cartón de sus excesos. Una
Madrid vagabunda de secretos de amantes que buscan quererse a medias, a mitad del país.


Qué rota Madrid y qué bien la recompones. Qué punto medio tan bien elegido y qué bien nos queda.

Y qué bien le quedas a Madrid, desde luego.

19 feb 2013

Ella y el resto



Me gusta un “ella”
Cuando lo escribo con la intención
De que sea ella quién lo lea.

Me gusta un “ella”, corto,
Como los muerdos a escondidas
Que nos dimos a kilómetros
De nuestras vidas.

Me gusta un “ella”, y el cómo suena
Cuando yo soy quién lo digo.
Ella y el resto, y el resto ojalá
fuese yo.

12 feb 2013

Mirémonos




Mirémonos. Tú allí y yo aquí, no valemos nada. Mírate tú, tan segura de que me has olvidado que la mentira levanta la mano para protestar por tu ignorancia. Y mírame, queriéndome esconder esos dedos que me muerdo cada vez que no lo haces tú. Y mírate, queriéndome decir algo que ni tú misma te has dicho. Y mírame, remendando las costuras por dónde se me escapa la goma espuma que evita que me hagas daño. Y mírate, tú que intentas hacérmelo y no te sale. Hacerme daño, hacerme el amor y las desigualdades más incapaces de limarse que la última vez que me emborraché con tus ojos. Y no te sale, pero mírame, qué poco me ha costado darme cuenta que has clavado tu bandera en territorio inexplorado siendo la astronauta de los lunares más recónditos de mi anatomía. Y mírate, tan innecesaria que realmente te has petrificado para mí, mirándome con el sin sentido de tus ojos, tejido estelar del que me zurzo las sábanas.
No, no te necesito, pero te miro como si así fuera. No, no vales la pena, pero de nuevo vuelvo a dedicarte palabras de tallas más grandes que no te quedan bien, porque ellas son enormes y tú diminuta. Y mírame, deseando que sólo lo hagas una vez más. Y míranos, mirándonos con las nucas, buscando una excusa para girarnos y explotar. Radiactivas, tóxicas, letales. Así las mujeres que me amaron, así la mujer que he llegado a ser.