23 abr 2012

Desgaste



Puede parecer una estupidez, a veces a mí también me lo parece. Ponerse a pensar en la complejidad de la existencia humana, en el porqué de cada respirar en ocasiones sólo te lleva a las mismas preguntas incapaces de ser respondidas. Te lleva a los mismos sueños que dejamos atrás al despertar y a esa otra clase de sueños que despertamos en nuestro interior, sueños que convertimos en nuestro motivo para seguir permitiendo al corazón latir.
Esta noche me he puesto a pensar en ello, en lo fácil que es acabar con ellos, romper la burbuja de cristal que los cubre, reventar esa cúpula aguada de deseos e ilusiones, que una vez partidos en dos se sumergen como una barca carcomida por la ambición. Sin embargo, ¿qué seríamos sin ella? Jamás avanzaríamos, jamás seríamos felices porque no alcanzaríamos lo que queremos. Pero si algo es cierto es que si no consigues lo que quieres es porque realmente no lo necesitabas.
A lo que quiero llegar, (si es eso a lo que me refiero) es que la ambición y, en pequeñas dosis, la avaricia son necesarias de una forma estimulante. Sin ambición no hay razón de existir, no hay metas, no hay final mas que la misma muerte.

Todos tenemos esa ambición, ese querer conseguir más, ser más. Tal vez más guapo, más alto, más fuerte o más inteligente. Querer estudiar en una buena universidad, querer ser el primero de la clase, conseguir al chico o chica a la que quieres, viajar a todos los lugares que siempre has querido visitar, conseguir un trabajo estable, un techo, coche, hijos y jubilación. Cosas materiales, cosas que no lo son. Pero siempre más, siempre se aspira a más. Son tus sueños, tuyos y, sea como sea, tienes que ser tú quien consiga llevarlos a la realidad. Y eso sólo se logra creyendo en ti mismo.


Ahora bien; la vida es una cruz sin lijar llevada a espalda desnuda. Al final del camino te das cuenta que tienes la espalda arañada y, en ella, profundas astillas se alimentan del dolor. Heridas, cicatrices sin sanar, agujeros. Disgustos, momentos desabridos y regustos amargos. Lágrimas que no llegan al suelo y, sin embargo, calan el alma. Y cuando, sin saber qué ha ocurrido, esos sueños que has alimentado con sonrisas antes de cerrar los ojos, sueños con los que has desayunado y a los que has dedicado tiempo. Esos sueños con los que, al fin y al cabo, has convivido durante la suma de tus días y puesto los cinco sentidos en ellos, llegan sólo a ser la idea de lo que fue y de lo que no será sigues manteniendo esa esperanza amarga e ingenua de que puede que sea posible, cuando ni tú mismo crees a tu propia voz. Lo fácil que se pueden romper, como si de porcelana se tratasen y sin embargo no somos más que el polvo de lo que fuimos y seguimos respirando a través de él. Seguimos queriendo sobrevivir al cambio, al venirse abajo, a la demolición de nuestras pesquisas y nuestros grandes castillos sin bandera que durante mucho tiempo hemos ido construyendo al lado de grandes lagos de años, inocentes, estúpidos y, de alguna forma, desesperados por encontrar ese algo que nos diga quiénes somos, de dónde venimos y a dónde se supone que vamos. Y así es toda la vida, siempre cambiando de sueño, de deseo, de voz. Siendo quién no eres, estando con quien no quieres estar, trabajando dónde nunca hubieses trabajado y sintiéndote una mierda la mayoría del tiempo. Pero, ahí sigue esa idea, esa bombilla de bajo consumo que alumbra la casa dónde conviven tus amaneceres. Esa bombilla que parpadea moribunda a sabiendas de que algún día, como el sol, sólo será una enana blanca. 



Nuestra situación, las constantes caídas, algunas seguidas de otras, el sudor en frente y espalda, las decepciones y escasas muestras de afecto que suele tener el karma con la mayoría de las personas, acaba con ellas. Esas circunstancias llevan a recaer y hacer hincapié, metiendo la pierna hasta el fondo en un odio retenido, relamido inconscientemente y traído a una indiferencia fría e incapaz de ser curada. Por lo tanto, acaba dándonos todo igual. Ya no se piensa en el futuro, no tienes planes, no deseas ni te ilusionas. Todo es corto, rápido, instantáneo, efectivo. Y, sobre todo, todo se hace sin ganas. Y muchas veces, es difícil cambiar eso.
Últimamente ese vacío, es odio contenido de ser incapaz de perdonar, esa indiferencia hacia todo, se ha convertido poco a poco en la esencia de mi vida.

Como he dicho antes, tienes muchos sueños y cuando estos se rompen, te cortas y esa herida tarda mucho en sanar. Y cuando se te está curando una, te haces otra y así, vas arrastrando tu existencia hasta que decides hacer algo de provecho con ella. Cuando te hacen daño tantas veces en tan poco tiempo lo mínimo que te puede ocurrir es que dejes de creer que algún día todo te irá bien. La felicidad, como el poder y el dinero, sólo la disfrutan unos pocos: los que se contentan con poco y los que consideran que ese poco es un mundo. Y soy consciente de que no disfruto de lo que creo que me hace feliz porque me centro en la importancia del tiempo que durará y no de que lo poseo. Obviamente es un problema, pero, ¿quién no los tiene?
He superado tantos problemas que me da miedo pensar que sólo he vivido una cuarta parte de todo el resto que me queda por crear. Que tengo miedo de que un día uno de esos problemas me consiga vencer. Sólo albergo esta rabia interiorizada y canalizada a través de un deseo de libertad, de despreocupación, de ser yo y sólo yo. De alimentar esa indiferencia que hace tanto daño a otros y, al final, a mí. De sacrificar deseos y sueños que de a poco no sobreviven en esta estepa de ilusiones, enterradas bajo los escombros de tanto tiempo malgastado por cosas que no lo merecían. Ser capaz de romper los sueños de otras personas, porque o no es el momento o no deseo perdonar por ahora todo el dolor recibido. Ser capaz de ver como con una simple frase, afilada como una aguja, puedes pinchar la burbuja que oprime su realidad. De que yo no siempre estaré ahí, de que ellos no siempre esperarán.


Cada uno tiene su camino a seguir y a algunos aún les quedan sueños que realizar, aunque a otros sólo nos quede la esperanza de encontrarlos algún día.

28 mar 2012

Es difícil



"No confesaré. Estoy volviéndome loco pero no hablaré. Y no porque me de igual, porque me importa lo que piense de mí, claro. No puedo decirle lo que quiere oír.
Últimamente esa es la tónica de mi vida. Que no pueda hablar no significa que no lo quiera, tal vez lo deseé mucho... Estás con una persona, puedes ser feliz con ella pero no quererla o querer a alguien y no desear estar con él. No es necesario amar a alguien para quererle. Es... frustrante, cuando tu cerebro te dice lo que deseas y eso en realidad luego nunca pasa. Es agotador y... es complicado. Pero es la vida y la vida... es un asco."


Dr. George - Anatomía de Grey

26 mar 2012

Conclusión

No necesito más hostias para darme cuenta de lo que estoy haciendo con mi vida. Y todavía no sé cuándo he de parar de hacerlo.

9 mar 2012

Creo


Hoy al levantarme, me he dado cuenta
De lo bonito que son tus ojos al hablarme,
Parece que me ríes, que te callas las bocas
De tus pecas que me buscan a tientas.

Que te vendo dos de mis siete vidas,
Y se las das de comer a gatos callejeros.
Que me agotan la piel por los tejados
De tus besos esquivados con tu risa.

Que a veces he besado tanto
Tus planetas, explorando las facetas,
De tu corazón agrietado.
Que a veces me he velado tanto
La voz de callarme tantos secretos
De tus ojos de inconsciencia, apagados.

He buscado los colores, de ese mar
Que guarda nuestro banco de quehaceres.
He buscado y aunque encuentre,
Si no te encuentro a ti, no he encontrado nada.

Con sentido o sin él, se me han apagado las boreales.
Con el sin sentido, se me han pagado las dudas solas.

No digo que no haya querido aspirar
Tus labios para poder respirar mejor
Esas noches que tu cama no me quiere
Y soñando que sueño que soy tu almohada
Durmiendo a la intemperie bajo las sábanas.

Se me restan los aplausos, que me despiertan hoy con ganas,
Porque se me han nevado los ojos de restarte motivos,
De buscarte vestidos cuando desnuda luces tu mejor traje.
Aunque acabe siempre en tu armario desteñido.

El día desamanece para despertar contigo.

8 mar 2012

~

Está entre tus piernas.










7 mar 2012

Concepto


Estoy muy cansada de buscar mi camino. No está entre sus piernas, pero tampoco entre las tuyas. Estoy muy cansada de buscar mi sentido. Mi corazón aglomerado contra mis costillas, quiere escapar. Amar, dime, de qué cojones sirve amar. A veces hacemos tantas cosas con la idea equivocada de que el karma será justo con nosotros. La estúpida idea de que nos hemos ganado lo que no merecemos ni tan si quiera un poco. La vida es muy larga, la muerte un suspiro. Y viceversa. No podemos estar preocupándonos por algo tan banal como es el amor. El amor es como el dinero, hace feliz a quiénes lo tienen y los que no lo tienen, no lo necesitan. Amar sirve para que la gente te haga daño, sin más, un puñetazo a la boca de tu realidad distorsionada, un tropiezo, una explosión. Es complicarse la vida, hacértela cuesta arriba. Estoy cansada de perder mis besos en carreras, en tiempo perdido que vuela entre nuestras pestañas sin que podamos atarlo a nosotros.
Estoy cansada de sufrir y de no saber qué es lo que quiero para mí, que es lo que merezco, qué es lo que tengo que ofrecer.

Fuerte. A veces no queda más que eso. Tú mismo y la fuerza que le pongas a todo lo que hagas. Después de todo, las desgracias nunca vienen solas y todos los abrazos guardan algún compromiso. Hasta los que das a la almohada.




"Now it's back to the way we started. Strangers."


2 mar 2012

Maldita seas



Malditas sean tus bocas, tu cuello al descubierto, medio tapado con vagueza de la perezosa camisa blanca que te aprieta la piel. Maldita tu esbelta fotografía de ti misma bajo el cielo, de tus bocados a los irisados ojos de tu adentro. Malditas tus ganas de perderte lejos, de descansar cerca bajo el escondite de tus secretos niños. Bajo tus ojos chicos en un armario escondidos. Malditas sean tus manos, que paren preciosas caricias y alimentan mi desconcertado corazón magullado. Malditos tus andares de bailarina esperando el éxito, malditas tus lagunas, tus vacíos, tus huecos, que me tragan, me lamen, me desesperan y me llenan el pecho de inquietudes. Maldito ese barniz con el que me lames las heridas, que acaban descorchadas y se van pelando con el frío invierno. De tus sonrisas, de quererme poco y echarme de menos. De no saber por dónde cogerte y por dónde saber que te has ido. Y tirarte flores a escondidas, por los lugares dónde caminas, para darle funeral a los pasos moribundos del irte y no volver.


Y bien que me gustaría gritarte a susurros que maldita la suerte la de todos de no ser ellos quien te hayan conocido, sino yo, que te he visto desnudarte tantas veces con mis ojos. Verte la piel del corazón cuando, con dolor, lo partes por la mitad y me das una de ellas a mí, aún palpitante y sangrante. Malditos tus ojos, llenos de caprichos y de ti, niña débil, refugiada en mi coraza, corazón inexistente de mis abriles más secanos. Maldito abril, que me trajo tu sonrisa enlazada con tus miradas al techo al hablarme, con tu boca que hablaba hacia tu garganta y no a tu pecho. Malditos tus ojos, sí, malditos ellos y sus girasoles inscritos volteados hacia mí. Como si yo fuera tu destino. Como si yo fuera algo que contemplar, tan brillante como cada sol de mediodía. Maldita mi boca, tantas veces cerrada y tantas veces sin ella, que sin ti a veces me quedo si quererlo, sin quererme en tu juego, ni un poco. Maldito pecho agujereado de manipulaciones y de mentiras, maldita sangre azul que inunda mis risas principescas. Maldita seas, que te quiero tanto. Maldita sea yo, que ya no tengo voz donde darme golpes. Que sin ti, malditas las veces que no respiro, que apareces para hacerlo por mí y te dejo sin risa en la voz. Y quisiera darme cuenta, como me doy cuenta de que existo, de que sienta lo que sienta, sin ti pierdo el norte pero llueven menos tus ojos si no te olvido.