17 dic 2012

El mundo de lo absurdo




Deja de arrastrar las palabras igual que los pies. Creo que me he cansado de ese andar tuyo como si sólo fueras tú capaz de hacer temblar el suelo que pisas. Nadie nunca me dijo que sería tan fácil quererte a medias, dejarlo en el tintero, que caiga, que de igual. Nadie nos dijo que fuera a ser tan difícil cambiar el audio a esta película tan mal doblada, dónde tu voz se queda a medias siempre diciéndome las mentiras.
Y el tintero cae y lo mancha todo de tus verdades de aire y cartón. Desborda los tejidos casi secos de este “te quiero porque sí”, como si se hiciera eterno el segundo en el que lo dejas. Porque si quise saber de ti, de tus buenas y tus noches, sólo me he llevado las noches con la luz de emergencia en los sueños, que no me dejas tener.
No crecen, no llueven ya, a penas se escucha el eco de lo que fuiste. Se agotan las razones, se desanudan los motivos, bostezan aburridas las palabras con el mismo inconformismo, se envenenan los actos con temor, se ven los besos translúcidos, inherentes al desgaste, se ven los abrazos cogidos con pinzas en el aire, temblando de frío, enfermos. Y no son más que las cuentas que nos debemos, de contarnos historias por si acaso, de pisarnos de vez en cuando y al final desnuda de ganas, te ves en números rojos. Carmín de los labios estúpidos de alguna que otra ilusión que te vas añadiendo a la lista.

Lo peor no es ser imperfecto, a veces hasta está bien serlo, la gente te admira. Lo peor es que te digan que eres perfecta, que juren que no te dejarán esperar ningún tren que no sea el de sus pasos y que aún así, prefieran venderse al primer postor que apuesta un poco tan sólo de novedad al cuento. ¡Nos hemos contado tantos!
Sobre todo siempre venías con el mismo de “soy quién no crees que soy, pero te sigo el juego”, asomando la patita debajo de la puerta para que entrara en tu tablero. Y pienso con bastante regularidad que el buen rato que pasamos, la mayoría lo puse yo y lo echarás de menos. O eso me digo, porque dudo que alguien se haya dado cuenta de lo mucho que parece que te mereces, lo poco que te ofrecen y mínimamente reconocibles que haces a las personas que te dan lo que quieres probar. Y has acabado por no merecer llegar al café de después, que casi nunca hace su aparición para nadie. Nadie es suficiente el tiempo necesario como para crear en otra persona el sentimiento del “me quedo porque eres tú”. Siempre se quiere más y nunca se está satisfecho. Y siempre se busca menos de lo mucho que acabamos encontrando. Supongo que lo último te toca a ti asimilarlo, decirte los engaños un poco más de frente.
Que dicen que se aprende con los daños y no con los años, y yo pienso que cada año nos engañamos más y nos hacemos menos caso. Y acabamos a oscuras por no hablar con nosotros un poco más de lo que hablamos de nosotros.
Se nos va la fuerza por la boca, la boca por los polvos que echamos sin mirar casi la cara del otro y el otro se va y le va bien.
Qué cuentos nos hemos tarareado con las manos tantas veces. “Que viene el lobo”, me dije yo misma y ni la oí. Demasiado ocupada estaba creyéndome cobarde cuando a la que le falta valor es a ti.
Y así de crudo suena a veces, cuando me cansas. De ejercitar tanto el corazón en subidas y bajadas, de acabar con menos de lo que empezaste, como si empezaras de cero en un cronómetro de cuyo botón pulsaste demasiado rápido y ahora toca retroceder.

Y no hay vestidos que ponerse para ir a ningún baile, porque siempre pensé que con vaqueros se iba bien hasta al infierno. Y las brujas son mejores a veces que las princesas de promesas yermas de interés por cumplirlas, que ni te regalan la manzana, le ponen precio y a veces ese precio eres tú mismo.
Y les compones canciones para que desde esa alta torre dónde se creen divas, tiren abajo su cabello y lo que acaba viniéndose abajo es la autoestima, la dignidad, las lágrimas, que si no por fuera, por dentro del esternón.
Los cuentos de hadas, esos dónde la caperuza roja no es otra cosa que una máscara que llama la atención para luego ser todo lo contrario. Cuentos que se marcan en la pared de hormigón que te acabas por empezar a hacer alrededor.

Porque el mundo, tú que me lees, has de saber que el mundo está perdiendo la guerra del absurdo. La gente se rinde fácil al primer polvo negado, se fuma lo que le apetece de ti y abandona, se creen fuertes los gusanos que siguen siendo gusanos y mueren los invencibles por el peso de la estupidez.

Estúpida yo por pensar que eras diferente. Estúpida yo por inmiscuirme en el mundo de lo absurdo. Estúpida yo por seguir pensando que hay una mínima cosa que merece la pena en ti. Estúpida yo por casi todo pero sobre todo, estúpida tú por dejar escapar a esta chica invencible rindiéndose a tu estupidez.

14 dic 2012

En un lugar llamado "mi cabeza"


 Tú eres la droga que consumen y trafican mis ciudadanos.


Boom. Así es como consigues darte la vuelta cuando faltan motivos para seguir por donde vas. Te explota la razón en la cara, la verdad como un globo lleno de pintura, que te mancha y al secarse cuesta muchísimo de que salte a la primera.
Tú eras esa droga que consumí en la fiesta que supuso conocerte. Y me enganché y parecía de verdad. Intoxicación de palabras, ideas y de caricias que no hacían falta, que sólo sirvieron para que no me fuera. Y todavía no lo he hecho del todo pero me queda poquísimo para decir que se acabó. Y soy de las que cuando lo dicen, queman hectáreas de “lo siento”.
Me dejé llevar tanto, me pegué tanto a tu luz que acabé desintegrando mi retina en aspavientos innecesarios, en cosas “de más” y dejé de pertenecer a.
No quiero atarme a un sentimiento que ni si quiera ha nacido del todo, que sigue pataleando en mi cabeza, queriendo salir, queriendo que lo entiendas.
Y ahora he comprendido que no necesito que lo hagas porque si vivo es por mí y si siento, siempre es para mejor, no para que acaben mis noches desabridas.
Con el apagón de luz de las palabras de tu boca, se me ha desajustado el tiempo y las cosas que tenía guardadas para ti en mi nevera, han caducado. Porque compré miradas, besos y palabras de más. Porque a pesar de haber más, siempre hubo insuficiencia.
Porque me hice perderme, me hice creer que la verdad era cada palabra que decías. Y por creer, me faltan días que me ha quitado tu insomnio.
Porque vendería todo lo que tengo por lo poco que me dura un sueño y así me va, empequeñeciéndome por momentos. Porque igual que por cada bocado que te doy, me agrando como Alicia, por cada bocado que me quitas me hago más pequeña. Y yo, todavía, no he querido darte ese poder ni sé si llegaré a hacerlo.

Prometimos hacernos daño un poco más tarde, cuando el resto de sentimientos fueran capaces de curarnos. Y antes de curarme de una herida, dejo que me abras tú otra. Tu voz bastaba para sanarme hasta que las cosas se complican con flores y bombones.
Buscaba estar bien y contigo, querida, no tengo nada de eso. Has dejado de alimentar mis ganas de quedarme, has dejado de curar mis mariposas heridas para mandarlas a una guerra de altibajos. Y no lo aguanto. No aguanto mirar mis pies y ver tu sombra tapándolos.

Tú por tu lado, yo en mis nubes. Y si me buscas, encuentra la manera de hacerme volar más bajo. Porque he vuelto, pisando con fuerza esa sombra que me hacía dejar de ser yo.
Hace tiempo que dije que nada me haría salirme de la frontera que tracé en el suelo entre mis relevancias y el resto. Y no voy a empezar a fallarme ahora.

28 nov 2012

El límite


He cruzado la línea. Esa línea que dije que no cruzaría en bastante tiempo. Créeme que he desgastado mucho mis pastillas de frenos intentado eludir la obviedad. Sabía de sobra que estaba introduciéndome en terreno conocido y sangrante, rehaciendo el camino de miles de heridas que no han sanado aún. Tal vez por eso me duele empezar a quererte.
Me he dejado hacer, al final. He cedido a los encantos escondidos, a tus secretos de llave y candado. Y no quería. No quería darte el poder, no quería enseñarte mis puntos débiles, mi “criptonita”, porque ni si quiera soy una heroína que pueda salvarte de ti misma. Pero eso todavía no lo sabes.
No quería que supieras quien soy, ni a qué dedico mi insomnio. Y sin embargo, es él quién ha ido a buscarte. Ese pajarito que siempre te lo cuenta todo.
No quería tampoco que supieras cuándo me pasa algo y cuándo no. No quería que me liberaras de la prisión que supone callarme el mundo. Y siempre, acabo diciéndotelo, sea ebria, sea entre risas o quitándole importancia, me vuelvo translúcida cuando tú eres quién pregunta con esos ojos que no existen en otras cuencas que no sean en las tuyas.
No quería que fueras capaz de cambiarme de lugar los días de la semana, que los lunes quiera que sean viernes, los viernes, sábados y los domingos viernes, y vuelta a empezar. No quería que quitaras horas a mis días para que pasen más amenos, sólo por la única razón de verte. No quería que llegara el momento que cambiara un “Si no funciona, no importa, ya vendrá otra” por un “Si vienes, que seas tú”.
No quería romper mi caparazón, no quería dejarte entrar. Pero no me malentiendas. Simplemente es el miedo que tengo a esos picos que no hacen daño, que luego te abren en canal y adiós mariposas. Y las mariposas son como las neuronas, ¿no lo sabías? También funcionan con el oxígeno, de las palabras, y se me han muerto miles intoxicadas por mentiras e intereses.

Sólo quería decirte que he cruzado la línea, esa que al pasarla, si te atreves a mirar hacia atrás, te llamarán cobarde. Y aunque he pensado en huir, salir corriendo sin nada que poner entre mis piernas, he optado por escoger la opción más acertada. Lucharé, por ti, si me dejas, sin condiciones. Y cuando sienta que quiero de más, simplemente me iré.
Y no será huir, ni será de cobarde.
Simplemente conozco lo que merezco y lo que no. Y confío, ahora un poco más que ayer, que seremos puños, nuestros pasos golpes y que daremos ese gancho de izquierda que se merece el mundo. 
Déjame hacer y nos convertiré en leyenda.

21 nov 2012

Pedazo



Lo sientes, lo siento. Pero tú lo sabes menos que yo. Hacemos aguas por todas partes. Y no nos cansamos de hundirnos una y otra vez, como una costumbre y no suelo calificarme como una chica de costumbres. Tal vez sí de no diferenciar las mismas piedras que me hacen tropezar con el camino por el que paseo.

Qué magnéticos tus ojos, ojos de páramo onírico. Si voy al infierno quiero que me lleven ellos en su neblina difusa, que se me agotan los pasajes para escapar de este mundo de locos. Y desde lejos, me he acostumbrado a llevar una corbata que me aprieta demasiado y ni si quiera me pega con los zapatos. Tal vez no eres tú, ni yo, ni el tiempo que ha pasado. Sólo no queda aire suficiente en esta mi cápsula para poder mantenernos vivas a ambas. Pero sólo es un supuesto giro de los acontecimientos, porque sigo sin querer soltarte, ver lo que me creas dentro. De momento tan sólo me sustentan mis venas, que se rellenan de ilusiones líquidas y grisáceas, de gotero barato de la autosuficiencia de lo que me supone poner esta tercera mano al fuego. Ya no me quedan extremidades que apostar en esta carrera contrarreloj en la que si no entras en el tiempo, mi corazón deja de absorber para acabar pesándose en gramos.

No quiero convertirme en polvo aún, ni arder si no es contra tu lengua. Sólo quiero que me hagas sentir lo suficiente, ese placaje a mi pared de yeso, que la derrumbe de una vez por todas y pueda respirar el oxígeno que supone que existas.
Y se está acabando el tiempo para algo más, cuando sólo importa lo de menos.

19 nov 2012

Foll-Arte




Tengo la boca seca y tampoco me importa. Sólo están tus ojos. También tu saliva, que tiene vida propia y me dice que necesita que alguien se drogue con ella. Y claro, yo me dejo quemar.

Tu ropa congela y tu piel arde, y la quito, la araño, la arranco y la desgarro. Todo eso en mi cabeza. A veces te tengo encima y te lo hago todo en ella que me quedo en ascuas pensando que ha sido real. Y a veces lo es, y cuando lo es, el mundo se reduce a chispas. Nos destruimos mutuamente y van cayendo edificios. Se apilan nuestros civiles caídos, los escombros no son si no las veces que dijimos que saldría mal. Intentamos mordernos, hacernos polvo cósmico y sólo nos pinchamos y sangramos. Entonces sabemos que es real, que nos estamos sucediendo al final.

Pruebo un pequeño bocado de ti y me hago grande como Alicia, y la ropa se me queda pequeña, me aprieta y estalla dejando paso a la piel que te grita. Más y más. Y entro en tu nube, donde a ciegas voy leyendo el braille de tus miradas de neblina estelar. No veo nada, sólo cada lunar tuyo en cada esquina, esperando clientes. Se acercan mis dedos y pagan una ronda de besos de esos que importas desde dentro, sólo para ese único momento en el que la piel es el único abrigo visible.

No hay armaduras. No hay miedos. Sólo nuestra ceguera, sin oír más que respiraciones ahogadas. No hay alrededor, ni hay tiempo. Sólo está ese pequeño espacio que ocupa un poco más de lo que somos enredadas. Sólo ese pequeño recoveco del universo, en el que sólo existen tus ojos para todas las comidas del día, dónde respiro el aire que respiras y el tiempo se mide en latidos. Dónde nos dejamos sin nada, dándonos todo en forma de hecatombes y tormentas solares. Ciegas, sordas, ebrias de nosotras mismas.
Y es en esos momentos, en los que haces que me olvide que existo en la Tierra.

4 nov 2012

Hueco


Ya no me miento demasiado. Últimamente me saco de dentro y me paseo, y recibo los rayos que no devoré en los pocos días que hace buen tiempo en invierno. Y pensar que para mí buenos días son lluviosos y oscuros, casi ahogados como este, donde algo me aprieta el estómago y sólo puedo dejarme salir.
Y paseo. Camino mucho, demasiado a veces y me voy tan lejos que… cuesta encontrarme. Y a veces me sorprendo dormida apoyada en la arboleda de sus brazos de hace muchos pensamientos. Que a saliva y lágrimas, crecieron nuestros sueños y murieron de viejos. Sé que lo sabes, aunque no tanto como solías saberlo. Ahora es distinto, cada una se empana pensando en cosas diferentes, ¿no?
Pero no fueron huellas tus pisadas o tus arreglos, ni tampoco la memoria se vuelve virgen después de tanto polvo echado… Y no, no somos conscientes.
O sí. Cuando el estado de la memoria del corazón recuerda ese romance oxidado, amor que como Don Quijote, sólo recobró la cordura para morir. Tal vez nos quedamos en extrañas y nos extrañamos a veces y conociéndonos, acabaremos coincidiendo en casualidades de mecha y pólvora.

Te importe o no, ya no curas porque ya no sangro. Que verte fue sólo comprobar que amor ido no vuelve. Y te sigues relamiendo a veces, que lo sé. Y yo sigo creyendo que tengo derecho a seguir teniéndote como parte de mí. Y sólo ocupas el corazón que lleva mi sombra.
Y aunque quisimos, nuestros sueños no eran como Benjamin Button, que de viejos podrían morir naciendo.

Pues no quiero rebobinarte. Ni sacarte brillo. Seguirás siendo ese bonito trofeo de vitrina, empobrecido por el tiempo, asfixiado en polvo y meses y olvidado.
Y dejaré de ser una estúpida que aún cree que no es la única que merece importancia en todo esto.
Fuiste tormenta y te has acabado resumiendo en viento, ruido, murmullo y eco.

Hasta sólo ser vacuo silencio.

2 nov 2012

Marrones

Tus ojos.
Dos esferas clavadas en mí,
en mi nuca cuando no miro.
Dos incandescentes parpadeos,
Que me electrifican con la humedad
De las sábanas.

Ojos redondos, almendrados a veces,
Cuando ríes y te haces grande.
Cuando feliz, creces.
Ojos del averno, del beso ignífugo
De las jaulas de tus pestañas de agua.

Ojos que devoran ropa y piel,
Que liman hueso
Y cosen las sonrisas que de capa caída,
no vencen a malvados villanos.

Uno, dos. Ojos de apego.
Ojos que besan a escondidas
Y sobrevuelan las calles de lo orgánico.
Mirada orgásmica del humo que sale
De la fricción de nuestras pupilas.
Sin dilatar.

Ojos de desgaste, de bocas del insomnio.
Ojos del desorden, de tu voz y sus aullidos.
Tus ojos son dos gritos de aviso.
Mirarlos es respirar, bocanadas del aire
Más difuso de la despensa del pulmón.

Ojos que me meriendo,
Ojos que desgarro con los míos.
Ojos de planeo, de planetas esquivos.
Ojos analíticos y secuaces
De mi placer de engaño.

Del tejido de tus ojos
Me hago las noches.
De tus noches,
Tan sólo tus ojos.


Miradas de ebrio
Coraje de saberte a dulces penas.
Fulgor de vistazos inequívocos,
De la memoria de mi almohada.

Tus reojos son los fuegos artificiales,
Que curan mis mariposas heridas.

Tus ojos, malditos tus ojos.
Tiernos puntos de inflexión.
Tus ojos son la libertad
A la que me quiero dedicar.

Son ellos, malas artes.
De sacarme de todo lo bueno
Que quedó en posos.
De convertir más de mis ecos vacíos
En golpes mudos.

De devolverme el aire a la garganta
Y poder seguir hablando
De lo bonito que es tu cuello,
Del que me colgaría sin dudar.

Tus ojos… Son una cárcel.
Con una puerta abierta
Y un horario sin establecer.
Donde me recluyo en amaneceres de espino.
Dos llaves, son ellos, con las que me abres
Y me quitas el polvo con caos.

Tus ojos son poesía ilusa
y este poema estúpido y soñador
te cree suya.

Vérsame el aire, como cuando miras
Desgarbada como te saco brillo.

Ellos marrones y comunes,
Son alados.

Mis ojos, mis malditos ojos…
Sólo desean que los hagas tuyos.