Dulces matices que de mi boca son nombrados
con melenas de rizos de un color caramelo
Avívame vieja ilusión de cuerdas,
frotadas unas contra otras provocando el supremo deleite.
Hacerme vestidos de compases etéreos,
de melodías de ritmos, de claves soleadas.
Reírme al sentir la caricia
que le produce a mi alma el roce de sus dedos.
Dibujo prados de notas rebosantes,
de cielos de ganas de abrazarte en mi pecho
y soltar una bocanada de aire, de aliento
de besos, melodiosos trazos en el oxígeno que nos rodea.
Hállese en el interior de mis sensaciones,
aturulladas en el fondo, donde las flores guardo.
Sonrisas y ojos, risas y miradas,
que se escapan en el aterciopelado deseo.
Sonido de vida y de muerte,
imitan con tono de mi distante desconcierto,
cuando sale de mí fuego esquivo,
de palabras tiradas a un huracán de sueños.
Pues yo soy la nube
y tú el viento que me desplaza,
que me golpea, suave, con calma,
al ritmo de los latidos de mis notas.
Grande, hermosa, extensa.
Eres rebuscada
y te vas a veces para no volver.
Y dejas de estar ahí, dentro.
Mi inspiración inspira hondo
y escribe letras que se enlazan,
que se aman, que retozan,
que hacen el amor entre ellas.
Juegan a esquivarse,
a esconderse, a hacerme reír.
Juegan a correr, por mi tripa,
y hacer cosquillas en mis intenciones.
Movimiento de cabellos de pincel,
como pelo la princesa de una torre,
apresada quiere dejarse huir, desbaratar sus ideas
y hacerlas fluir desde su cabeza hasta el final de la carretera de su melena.
Música, arte, palabras,
lenguas del alma,
alimento de espiritu,
vida de la mente.
26 nov 2009
18 nov 2009
Okupa.
Esponjoso estado de embriaguez me aturulla el subsconciente con imágenes sobre tí. Me acapara el pensamiento y las fibras de sueños se escapan flotando por mis oídos cuando recuerdo tu voz, melodiosa sintonía de lengua contra encía curvando los labios, de boca abierta y estirada, de boca abierta solamente y de caricia de paladar y lengua con los labios en círculo. Eso es lo que imagino yo cuando me dices te quiero.
Intenté que mis piernas crecieran y atravesaran kilómetros con un paso pero, desgraciadamente, me dí cuenta que el problema que la lejanía nos proporcionaba no se podía solucionar con sueños sobre largas piernas y distancias cortas. Y pienso, mil veces al día, si tú estarás pensando en algo que tenga que ver conmigo porque, si hay algo difícil en este mundo, es no cercionarme de lo que hay dentro de tu mente.
Y es inútil, como los besos que no diste, los que quedan por contar, como los abrazos que se escapan entre tus dedos, como las miradas con sonrisas inscritas en su iris que se desvanecen sin dejar ni un ápice de tí. Como tú, como yo, como las horas que nos quedan por pasar.
Los días se abren ante mí entre un gran prado seco de espigas, abriendo la senda que me llevará hasta el palacio que eres tú, atravesando el gran portón rojo de tus labios, subiendo las escaleras de tus dientes y tu lengua hasta llegar a la habitación de grandes ventanales negros, que son tus ojos. Buscar en cada recoveco de tu anatomía algún signo que me diga que existes, porque si no te lo dije, hay veces que me parece que sólo eres parte de mi imaginación. Vivir como una reina sentada en el trono de tus sueños, sintetizar tus recuerdos y formarme vestidos de gala con ellos, destruir con mi amor tu tristeza y abrazar tu omnipresencia que me acaricia con suspiros la nuca cada noche, a través de la brisa de una de tus ventanas negras. Defenderte de la vida y ayudarte a reconstruir las partes que se cayeron tras las guerras. Conquistar hasta el último lugar y paisaje que me ofrece tu interior con mis soldados y hacerte totalmente mía. Gritar en tu salón vacío tu nombre y escucharlo en miles de ecos que se propagan por toda tú. Serte fiel, porque eres inigualable. Cuidar de cada rincón de tu estructura con mimo y ocuparla con pequeños pedazos de mi amor. Morir entre cada una de tus paredes, que cobijan a mi alma para que permanezca allí, cuidando de cada parte de ese palacio que mantuve con mis manos y mis sentimientos, formándolo a partir de pequeñas fibras de caricias que deslizaban de mis dedos. Como si pintara un cuadro, como si creara belleza. Y ahí, sólo ahí, permanecerías hasta el final de los tiempos, impoluta, hermosa y distante. Ser la única ocupa de tu corazón.
Las guerras van y vienen, pero mis soldados son eternos.
Intenté que mis piernas crecieran y atravesaran kilómetros con un paso pero, desgraciadamente, me dí cuenta que el problema que la lejanía nos proporcionaba no se podía solucionar con sueños sobre largas piernas y distancias cortas. Y pienso, mil veces al día, si tú estarás pensando en algo que tenga que ver conmigo porque, si hay algo difícil en este mundo, es no cercionarme de lo que hay dentro de tu mente.
Y es inútil, como los besos que no diste, los que quedan por contar, como los abrazos que se escapan entre tus dedos, como las miradas con sonrisas inscritas en su iris que se desvanecen sin dejar ni un ápice de tí. Como tú, como yo, como las horas que nos quedan por pasar.
Los días se abren ante mí entre un gran prado seco de espigas, abriendo la senda que me llevará hasta el palacio que eres tú, atravesando el gran portón rojo de tus labios, subiendo las escaleras de tus dientes y tu lengua hasta llegar a la habitación de grandes ventanales negros, que son tus ojos. Buscar en cada recoveco de tu anatomía algún signo que me diga que existes, porque si no te lo dije, hay veces que me parece que sólo eres parte de mi imaginación. Vivir como una reina sentada en el trono de tus sueños, sintetizar tus recuerdos y formarme vestidos de gala con ellos, destruir con mi amor tu tristeza y abrazar tu omnipresencia que me acaricia con suspiros la nuca cada noche, a través de la brisa de una de tus ventanas negras. Defenderte de la vida y ayudarte a reconstruir las partes que se cayeron tras las guerras. Conquistar hasta el último lugar y paisaje que me ofrece tu interior con mis soldados y hacerte totalmente mía. Gritar en tu salón vacío tu nombre y escucharlo en miles de ecos que se propagan por toda tú. Serte fiel, porque eres inigualable. Cuidar de cada rincón de tu estructura con mimo y ocuparla con pequeños pedazos de mi amor. Morir entre cada una de tus paredes, que cobijan a mi alma para que permanezca allí, cuidando de cada parte de ese palacio que mantuve con mis manos y mis sentimientos, formándolo a partir de pequeñas fibras de caricias que deslizaban de mis dedos. Como si pintara un cuadro, como si creara belleza. Y ahí, sólo ahí, permanecerías hasta el final de los tiempos, impoluta, hermosa y distante. Ser la única ocupa de tu corazón.
Las guerras van y vienen, pero mis soldados son eternos.
9 nov 2009
Trozos de sueños.
A veces pienso que las cosas que nos importan cambian de estado. Todos los ciclos se pierden, se confunden, todo es tan extraño, llueve en nuestra alma. Y siento que si no estás no corre el viento, quizás fuera sí, pero no dentro de mí. Porque tú haces funcionar a mi cuerpo a base de suspiros que se pierden en la inmensidad del cielo, palabras que gracias a tí puedo escribir, enlazar, cambiar, perder, ganar, dar la vuelta, ponerlas del revés y siempre, siempre sonarían a tu belleza.
Escúchame ahora que puedes y lee lo que te cuento, son como pequeñas historias que debes de oír para que no me olvides. Melodía verde de ramas que se unen formando la carcasa de tu mente, nudos que se confunden con emociones que tu cara aspira. Y en la noche jamás estarás sola, eres la dulce estrella de mi oscuridad. Los retazos de un sueño que parecen recuerdos lejanos me gustaría unirlos todos junto a tí...
Esta noche quiero perder la consciencia que me hace temblar cada vez que te veo venir y volverme invisible tal vez, sentarme a tu lado, escucharte escondida como hablas, protegerte de noche a los pies de tu cama, descifrar el sentido de tus sueños, quedarme los besos que se escapan cada vez que respiras...
Ojala nunca cambie esa forma que tienes de estar en el mundo. Ojala que el tiempo no te cambie, cambia tú al mundo.
Y pasan los tiempos y cambian los aires, y todo lo que creímos nuestro ya no lo tenemos. Sólo quiero saber que tú sigues amándome desde ese lugar que llamas "el lugar perfecto", yo quiero estar donde estés tú para nutrirme de tus labios, besos que engordan mis noches de sueños sobre tí. Soñamos con cielos de donde llovía limonada y donde los taxis amarillos se detenían en cada parada y te llevaban a un planeta distinto. ¿Quieres tomar algo, muñeca? Yo para desayunar engullo las sonrisas bonitas como si me sirvieran de algo, la belleza no se pega y eso está más que claro. Hablaban de mariposas que te hacen cosquillas, cuando te veo y acelero mi velocidad pero, ¡eh, eh! ¡Echa el freno! Por ahí pasa una monada como tú y tengo que pararme a observar, como un espejismo, aparato de várvulas que estallan, tus ojos escapan de mi entendimiento, ¿qué significa que cierres los ojos mientras te digo que te echo de menos? ¿Es como si te doliese?
Echo de menos mis días de verano en los que aún no me querías, en los que aún quedaba algo de mi niña y te prometía la Luna y travesías de caravelas junto con malvados piratas. Días en los que sonreía sin porqué y en los que lloraba por gusto. Te quiero, ¡si! Y sé que estoy llorando ahora y que mañana volverá a pasarme, lloraré siempre por tí, por el dolor que arde siempre que te recuerdo y porque no conseguiré nunca deshacerme de tí. Es algo que no puedo evitar.
Las palabras hoy se alejan y se contraen en mi pecho, recordándome cuánto me costará desvanecerte de mi memoria. Porque las horas no pasan sin que tu voz no las mueva. Porque no sé como rellenar el tiempo que siempre fue tuyo. Y viene alguien y me pregunta:
-¿Si te bebes el mar qué pasa?
Y yo le iba a responder "que todo sería perfecto", cuando sus zapatos rojos le hicieron correr y ya no volví a verle. Y lloré pero ya nadie me escuchaba. Y era como la nada, como una nube en la que caigo y me lleno de pequeñas motas blancas. Nunca me enseñaron a contar ovejas. Todo hace "¡pop!" y desparece como en pompas de jabón. Veo tu sonrisa. Nuestras manos. Tu boca. Mi boca. Ya falta menos. La unión de ambas y explotas los fuegos artificiales en mis ojos, que te miran antes de unir nuestras palabras de nuevo. Boom, boom, boom. Más y más. Como si huyera, como si corriese. Si. Los latidos se escuchan. Boom, boom.
Ya alquilaron el último submarino y... Boom, Boom. Explotó al fin.
El despertador calló vibrando de la mesilla de noche, aunque era de día. Y mis ojos se abrieron viendo el techo blanco de mi habitación. Blanco como aquellas nubes.
Escúchame ahora que puedes y lee lo que te cuento, son como pequeñas historias que debes de oír para que no me olvides. Melodía verde de ramas que se unen formando la carcasa de tu mente, nudos que se confunden con emociones que tu cara aspira. Y en la noche jamás estarás sola, eres la dulce estrella de mi oscuridad. Los retazos de un sueño que parecen recuerdos lejanos me gustaría unirlos todos junto a tí...
Esta noche quiero perder la consciencia que me hace temblar cada vez que te veo venir y volverme invisible tal vez, sentarme a tu lado, escucharte escondida como hablas, protegerte de noche a los pies de tu cama, descifrar el sentido de tus sueños, quedarme los besos que se escapan cada vez que respiras...
Ojala nunca cambie esa forma que tienes de estar en el mundo. Ojala que el tiempo no te cambie, cambia tú al mundo.
Y pasan los tiempos y cambian los aires, y todo lo que creímos nuestro ya no lo tenemos. Sólo quiero saber que tú sigues amándome desde ese lugar que llamas "el lugar perfecto", yo quiero estar donde estés tú para nutrirme de tus labios, besos que engordan mis noches de sueños sobre tí. Soñamos con cielos de donde llovía limonada y donde los taxis amarillos se detenían en cada parada y te llevaban a un planeta distinto. ¿Quieres tomar algo, muñeca? Yo para desayunar engullo las sonrisas bonitas como si me sirvieran de algo, la belleza no se pega y eso está más que claro. Hablaban de mariposas que te hacen cosquillas, cuando te veo y acelero mi velocidad pero, ¡eh, eh! ¡Echa el freno! Por ahí pasa una monada como tú y tengo que pararme a observar, como un espejismo, aparato de várvulas que estallan, tus ojos escapan de mi entendimiento, ¿qué significa que cierres los ojos mientras te digo que te echo de menos? ¿Es como si te doliese?
Echo de menos mis días de verano en los que aún no me querías, en los que aún quedaba algo de mi niña y te prometía la Luna y travesías de caravelas junto con malvados piratas. Días en los que sonreía sin porqué y en los que lloraba por gusto. Te quiero, ¡si! Y sé que estoy llorando ahora y que mañana volverá a pasarme, lloraré siempre por tí, por el dolor que arde siempre que te recuerdo y porque no conseguiré nunca deshacerme de tí. Es algo que no puedo evitar.
Las palabras hoy se alejan y se contraen en mi pecho, recordándome cuánto me costará desvanecerte de mi memoria. Porque las horas no pasan sin que tu voz no las mueva. Porque no sé como rellenar el tiempo que siempre fue tuyo. Y viene alguien y me pregunta:
-¿Si te bebes el mar qué pasa?
Y yo le iba a responder "que todo sería perfecto", cuando sus zapatos rojos le hicieron correr y ya no volví a verle. Y lloré pero ya nadie me escuchaba. Y era como la nada, como una nube en la que caigo y me lleno de pequeñas motas blancas. Nunca me enseñaron a contar ovejas. Todo hace "¡pop!" y desparece como en pompas de jabón. Veo tu sonrisa. Nuestras manos. Tu boca. Mi boca. Ya falta menos. La unión de ambas y explotas los fuegos artificiales en mis ojos, que te miran antes de unir nuestras palabras de nuevo. Boom, boom, boom. Más y más. Como si huyera, como si corriese. Si. Los latidos se escuchan. Boom, boom.
Ya alquilaron el último submarino y... Boom, Boom. Explotó al fin.
El despertador calló vibrando de la mesilla de noche, aunque era de día. Y mis ojos se abrieron viendo el techo blanco de mi habitación. Blanco como aquellas nubes.
1 nov 2009
Barcos que se apagan
Después de horas caminando, después de que tu cabeza sangre tras la caída, después que tu corazón se vaya desprendiendo poco a poco de tu pecho formando un camino de migas de pan, después de crear océnaos de lágrimas saladas y barcos de vela que se apagan con el soplido del viento... No somos los mismos.
Creí que todo lo que nos unía estaba por encima de este inmenso lago, de esperanzas que se hunden como en arenas movedizas, de sueños que se deshacen entre las olas de tus besos, de lágrimas sobre barcos velados que hacen que se apaguen. Mis ojos enrojecen con el atardecer y se aclaran mediante tu dulce alborada, pensando que durante la noche y mediante mis ganas, creaste en mí el sueño perfecto de tus párpados, que cerrados se entregan a la fantasía y que al abrirlos se queman con la luz de ese sol que nos juzga. Lejos de lo que eres y de lo que jamás serás me atraviesan con espadas tus palabras, como finas armas de hielo que se derriten con el calor de mi sangre y envenenan mi interior, como el elixir de el amor corrompiendo mis huesos y no. No puedo. Ya no puedo quererte como lo hice ayer.
Es tan duro darte cuenta de que nada sirve para olvidarse, de que por mucho que te golpees con la misma pregunta no saldrá la respuesta disparada de tu cabeza, como una caja registradora que te brinda el dinero que te debe.
A veces lloro de tanto suplicar cansada de las palizas innecesarias pero, escúchame, cuando te tiren al suelo es donde te debes de quedar. No sé por qué has dejado de girarte y sonreirme, de decirme que algún día en algún lugar dentro de un tiempo. Estoy cansada de sufrir y aunque sé que todo el mundo sufre, estoy harta de lastimarme con tus ilusiones, con tus imágenes que, mandándomelas desde tan lejos, nunca llegan nítidas, nunca me sacan de mí misma, nunca me descubren nada nuevo, porque sé que no existes. Que aquí no existes y que, por mucho que lo intente, jamás existirás, porque sólo eres un sueño defectuoso que quise arreglar y hacerlo mío, pero esa es una de las cosas que hay que dejar atrás.
Siento punzadas dentro de mí, de nada me alivia saber que donde estés estarás bien, sé que yo no soy quien te protege, aquí, estancada, pensando como serás. Yo no puedo dar mi vida porque ni siquiera sé dónde está la tuya. Y aún así, pienso, que no tendrás lo que hay que tener para decirme que no me quieres, que no me quieres como lo hacías ayer... Porque si no eres capaz, yo tampoco lo soy...
No me hagas sentir culpable porque me haces débil y todavía te deseo, pues prefiero que me odies a que me rompas. Eras todo cuanto quise y por ello intentaré salvarnos... Aunque de nada sirva el esfuerzo, porque ya no te quiero, ya no pienso en tí todas las noches, ya no visitas mis sueños, ya no me despierta en la madrugada tus gritos de necesidad. ¿Por qué? Porque no me extrañas y ya no me necesitas...
Nunca volveremos a ver la verdad de cerca.
Creí que todo lo que nos unía estaba por encima de este inmenso lago, de esperanzas que se hunden como en arenas movedizas, de sueños que se deshacen entre las olas de tus besos, de lágrimas sobre barcos velados que hacen que se apaguen. Mis ojos enrojecen con el atardecer y se aclaran mediante tu dulce alborada, pensando que durante la noche y mediante mis ganas, creaste en mí el sueño perfecto de tus párpados, que cerrados se entregan a la fantasía y que al abrirlos se queman con la luz de ese sol que nos juzga. Lejos de lo que eres y de lo que jamás serás me atraviesan con espadas tus palabras, como finas armas de hielo que se derriten con el calor de mi sangre y envenenan mi interior, como el elixir de el amor corrompiendo mis huesos y no. No puedo. Ya no puedo quererte como lo hice ayer.
Es tan duro darte cuenta de que nada sirve para olvidarse, de que por mucho que te golpees con la misma pregunta no saldrá la respuesta disparada de tu cabeza, como una caja registradora que te brinda el dinero que te debe.
A veces lloro de tanto suplicar cansada de las palizas innecesarias pero, escúchame, cuando te tiren al suelo es donde te debes de quedar. No sé por qué has dejado de girarte y sonreirme, de decirme que algún día en algún lugar dentro de un tiempo. Estoy cansada de sufrir y aunque sé que todo el mundo sufre, estoy harta de lastimarme con tus ilusiones, con tus imágenes que, mandándomelas desde tan lejos, nunca llegan nítidas, nunca me sacan de mí misma, nunca me descubren nada nuevo, porque sé que no existes. Que aquí no existes y que, por mucho que lo intente, jamás existirás, porque sólo eres un sueño defectuoso que quise arreglar y hacerlo mío, pero esa es una de las cosas que hay que dejar atrás.
Siento punzadas dentro de mí, de nada me alivia saber que donde estés estarás bien, sé que yo no soy quien te protege, aquí, estancada, pensando como serás. Yo no puedo dar mi vida porque ni siquiera sé dónde está la tuya. Y aún así, pienso, que no tendrás lo que hay que tener para decirme que no me quieres, que no me quieres como lo hacías ayer... Porque si no eres capaz, yo tampoco lo soy...
No me hagas sentir culpable porque me haces débil y todavía te deseo, pues prefiero que me odies a que me rompas. Eras todo cuanto quise y por ello intentaré salvarnos... Aunque de nada sirva el esfuerzo, porque ya no te quiero, ya no pienso en tí todas las noches, ya no visitas mis sueños, ya no me despierta en la madrugada tus gritos de necesidad. ¿Por qué? Porque no me extrañas y ya no me necesitas...
Nunca volveremos a ver la verdad de cerca.
27 oct 2009
FRUSTRACIÓN
Es tan difícil creer que puedes conseguirlo. Los trazos en el papel salieron desiguales, desentendidos, desproporcionados y brotan de mí las lágrimas. No puedo crear belleza con mis manos, ciencia difusa del lápiz y del papel, de mis pensamientos y mis emociones, de mi imaginación hecha añicos por lo imposible. La frustración corre por mis venas como caballos salvajes buscando un lugar que les alimente pues no emana de mí dar la vida a las imágenes trazadas. El tiempo corre de nuestra cuenta y no es difícil imaginar quién o qué vendrá después a llevarse lo que nunca tuviste. Necesito esas ganas de superación, de inspiración arcaica en los tiempos en los que era alguien. No llegaré a la meta por los caminos por los que me guío. No hay nada detrás de la hoja, sólo está la mesa, esperando que me apoye en ella y deslice mi suave inspiración desde mi mente hasta mis dedos, intentando crear con algo que jamás tendré. El talento. Mi falso don es artificial, creado a través de mis sueños. Soñé tantas veces en poder lograr algo por mí misma, algo que de verdad me gustara. Dediqué mi vida a ello y él se llevo mi vida, diciéndome que no era posible, porque esto no me pertenece, ni esta goma que borra ilusiones, ni este folio donde me libro de mis ideas por un momento plasmándolas ahí, lejos de donde estoy yo, en la inmensidad de los ojos de la naturaleza y la genética que hicieron de mí el prototipo de una persona que consigue fabricar la hermosura del alma de las cosas, cosas que dibujo, una y otra vez, y me son mecánicas porque no tienen alma. Ahí es donde los pasos se desvirtúan y pierdo mi razón...
No soy capaz de nada de lo que me propongo, a veces parece que sólo dibujo por el simple hecho de superación y admiración. Ya ni siquiera disfruto dibujando porque todo me parece penoso y lleno de defectos que voy sumando, poco a poco, conforme mi subjestión me va dictando que piense...
Quisiera poder creer que soy algo más que una perfeccionista, una falsa modesta y hambrienta de fascinación frente a los demás. Pero no, no hay nada más que esto que soy yo. No hay nada más que ese deshecho que llamo yo "arte" y que no me fue brindado a mí. Un don que no era el mío... Algo que si tuve... Lo perdí.
No soy capaz de nada de lo que me propongo, a veces parece que sólo dibujo por el simple hecho de superación y admiración. Ya ni siquiera disfruto dibujando porque todo me parece penoso y lleno de defectos que voy sumando, poco a poco, conforme mi subjestión me va dictando que piense...
Quisiera poder creer que soy algo más que una perfeccionista, una falsa modesta y hambrienta de fascinación frente a los demás. Pero no, no hay nada más que esto que soy yo. No hay nada más que ese deshecho que llamo yo "arte" y que no me fue brindado a mí. Un don que no era el mío... Algo que si tuve... Lo perdí.
12 oct 2009
NOSOTRAS
En mi amor encontré todas las cosas en las que podía haberme convertido de no ser por tí. Las almas de las que me alimento no siempre son las que debería de haber arrastrado conmigo. No soy una fuente de luz. Sólo soy un agujero de nada en la tonalidad rojiza de tus labios. Quise quedarme en tus ojos, imaginé besarte de mil formas para poder, algún día, hacerlo como debe ser. Intenté imaginarme esperando en la puerta de tu primer abrazo, curvando mi boca y haciendo curvar la tuya. Pero desde que tu voz se perdió en la lejanía de mis sueños, en los prados inmensos llenos de kilómetros y kilómetros de pensamientos ilícitos, en las risas que perdí cuando tus brazos abrazaron el adiós y mi olvido. Tus largos paseos por mi mente ahora me son amenos, cuando solía recordar lo cerca que estuviste de rozar mi desesperanza símil de mis labios. Te perdí de todas las formas que se puede perder a una persona. Si te digo la verdad, jamás quise hacer de tí una de mis imágenes al despertar porque sabía que tú eres la obsesión que me perseguía. Quise creer que un "hola" era un comienzo pero era sólo el nudo de esta discusión entre lo que debo y lo que quiero, ¿de verdad tus ojos lloran cuando piensan en mí?
Tú eres parte de mí, de todo lo que soy. De sueño en sueño quise caminar porque lo que parece real a veces se despedaza entre mis lágrimas, que, exporádicamente, caen en épocas explícitas del año. Hoy es lunes y estamos en otoño, generalmente llueve y los árboles se quedan sin hojas. Siento que soy como un árbol despojado de sus hojas. Y esas hojas son las sonrisas que me prestabas para poder dormir... Cuando tú desaparecías de mis sueños.
Mi retina obtiene de tí todos tus valores y los va sumando, poco a poco, como si no tuviera nada mejor que hacer. Tu forma al andar, al reír, al callar, al sonreír, al enfadar... Tú forma de ver las cosas, tu tono al hablar en cada momento del día. Tus partes del cuerpo más destacables, tus partes del alma más impresionantes... Tú en tu conjunto, formabas la persona más importante.
Nada más puede lucir delante de mí que me parezca carente del lenguaje de la poesía eterna que guardas en tus ojos, estás llena de agua. Inundas mi esperanza de ilusión que se agrieta con el paso de tus toneladas de agua que me deja intransigente. Nunca pude entender lo recíproca que era nuestra relación. Aún así, debo decirte, que no soy una de esas personas que permiten tener delante lo que no pueden alcanzar.
No soy la parte más importante de este cuento de hadas, el despecho que sigue durando pese a las pocas veces que hice de tí mi fantasía duele como algo que dejó de ser mío. Nadie podía entender que pasó con nosotras cuando me tenías rota, pendiente de tu mano, a punto de soltarme para siempre al vacío. Caí en tí, perdiéndote para siempre. Mi única verdad es esta esperanza que dura lo que dura que un susurro haga que florezca entre nuestras bocas un enlace de sentidos imaginarios.
No puedo huir más, me caí antes que tú y aquí estoy, no hay nada detrás de nuestras espaldas, que trazaron nuestro camino. Pensé en tratar de olvidar pero tú eres todo lo que soy y lo que seré algún día. Sin vida me rendí pues tú eres mi fuerza y sin ti no soy, no puedo continuar más, nunca más.
Quisiera ser el aire que sale de tus pulmones, recorrer tu interior y embaucarme de su belleza, ser lágrima que por tu cara recorre el precioso contorno de tu piel al perfil de mis ojos externos, que te miran sin cesar. Por tí creé muros por los que nadie pudo ver a través, porque nadie se complementa de la facultad de ver, de conocer, el interior de la persona que tantas veces murmura su nombre en el infinito charco de sus ojos. Mi única paz la hallé cuando decidiste dejarme en una habitación pequeña sin vistas en algún rincón de tu corazón. Desde allí pensaba que subir algún que otro escalón hasta poder rozar tu barbilla sería la tarea de mi única vida, desaprovechada mediante incansables jadeos en la batalla. Allí estoy, tras la lucha. Rota. Y por mis rozaduras corre la sangre de gente que no conozco y ni tan siquiera querría conocer.
Cuando la noche caiga sobre mis párpados no cerraré los ojos, por temor a encontrarme al día siguiente una cama vacía. La soledad pasa un brazo por mis hombros y me dice que todo saldrá bien, pero las caricias que guardaba en el congelador de mi incoherencia están caducadas y a punto de estallar. La pena me consume como el oxígeno pero esta vez el corte es tan profundo... No cicatrizan las heridas del alma.
Y sin embargo "algún sitio" me parece la frase perfecta para empezar a caminar. Hacia algún sitio. Nadie dijo que fuese tan complicado posar un pie sobre la tierra, esa tierra que nos da algo por lo que vivir, una superficie por la que empezar a andar, como si lo único que nos quedara fuese eso. ¿No tuviste lo que deseabas al estar conmigo? ¿De verdad te insistí tan pocas veces?
Querida, no tuviste lo que deseabas para ser libre. Ya no estás sujeta a este mundo que no nos valora como somos. Tú vuelas cerca y puedo verlo, puedo sentir como rozas con tus alas mi pelo y me haces girar, mirando al cielo con los brazos estendidos. Parece mentira que pueda existir un lugar para tí y para mí, un lugar donde nadie necesite una razón para estarlo y donde yo sueñe esto mientras no pueda soñar nada más. Nadie va a dejar de pararte los pies a cada movimiento, allí estoy, guardián de nuestro edén perfecto como si de nada valiera este sufriemiento. Es cierto que te evaneciste en el silencio especial de aquella tarde. Mis ojos vieron tu sangre correr entre el acero deformado y contorsionado con la velocidad del golpe. Yo no corrí a salvarte, vi como se te escapaba la vida desde un lugar seguro donde tú no estabas. Donde ya jamás estarás. Para tí, los lugares seguros, corrieron a esconderse.
Las palabras escurren de este lápiz, dulces palabras que quiero entregarte pues todo lo que dices es sagrado para mi. Tus ojos eran tan azules que no podía mirar a otra parte. Prometiste que te quedarías conmigo y, aún sabiendo que eres mi razón de vivir, te marchaste. Me la quitaste de las manos. Sabes que moriría solo por abrazarte, quedarme contigo, hacerte un hueco que te has ganado en mi amor. De alguna manera te mostraré que eres mi cielo nocturno y que siempre he estado tras de ti, ahora siempre estaré a tu lado. Nunca pensé que diría eso pero nunca pensé que existieras.
Como podrás darte cuenta hablo de distintas personas. O distintas facetas de un mismo organismo. Ese organismo, esa persona, soy yo y esas, esas son "nosotras". Siempre cerca para hacerme sentir... algo. Una caricia, un suspiro, un alivio, un poco de ese "algo" que todos necesitamos. Ese algo que nos hace personas y nos da el alma para serlo. Soy un montón de ellas sueltas por mi cuerpo y cada vez pierdo a alguna, hasta que, algún día, consiga tenerme a mí yo sólo, sin nadie más revoloteando alrededor. He vivido con una sombra en la cabeza, he soñado con una nube debajo de mi cama, he estado sola por mucho tiempo atrapada en el pasado y parece que no puedo seguir. He apartado a un lado el tiempo para limpiar un pequeño espacio en los rincones de mi mente pero, aún así, no he conseguido el espacio suficiente para mis ilusiones de ayer convertidas en estatuas de sal. No soy fuerte, no podré llevar conmigo tanto peso, tantas vidas... Pero, ahora, ven conmigo.
Pronto estaremos a medio camino de algún sitio donde el amor es más que sólo tu nombre.
Noem.
29 sept 2009

ALMAS
Nuestras células se componen de muchos orgánulos, de retículos endoplásmaticos lisos o rugosos, de libosomas, de ribosomas, de la solución acuosa que las componen llamado citosol, de una membrana nuclear, de un núcleo donde nuestro ADN se esconde. Allí, donde nadie puede llegar, estamos nosotros mismos y, es posible, que nuestra alma sea nuestro ADN concentrado. Por eso, para mí, después del corazón viene el alma para darnos vida. Los tejidos que componen nuestro cuerpo son tantos. Yo jamás pude memorizar de cuántas palabras se rodeaba mi alma, como una envoltura que guarda un gran secreto. Tú no puedes explicarme qué soy, qué seré, que conseguiré, qué descubriré. Tú no eres capaz de entender las veces que he llegado a querer arrancarme el ser de mi interior porque tu dolor es intenso. Las gotas de sangre que brotan de los ojos de mi alma son heridas contínuamente abiertas, que no sanan, y que jamás lo harán si tú para entonces sigues ahí. Las cosas no son fáciles, la vida no es fácil para nadie, pero es fácil decir que ser feliz es darse cuenta de que nada es muy importante, pero, ¿qué pasa si lo importante es muy, muy importante? ¿Tiene que dejar de serlo por el simple hecho de que la felicidad así lo dicte? No, no lo veo lógico.
Nuestro cerebro se compone de neuronas, de mente, de recuerdos, de pensamientos, de miedo y emociones, de conocimientos. Pero todo eso, aunque sea mucho, es un incesante y vacuo estado de consciencia. Sientes que tú cabeza se llena pero de vacío. El cerebro pierde el control y ya no eres capaz de sacar tus alas y echar a volar lejos de aquí, huir, para dejar de ser descubierto. ¿Por qué todo el mundo quiere saber cómo soy? Estoy repleta de espinas, de espinas profundas de las que no me apetece hablar porque cada vez que lo hago... de ellas manan sueños.
Lloro cada vez que siento que algo se inestabiliza, que algo pierde el equilibrio, que algo llega a romperse. Retumba en mi interior el "crac" de todas esas cosas que en pocos segundos se disuelven como motas de polvo. Tú liquas mi ensueño y me haces elevar mis ilusiones y repartirlas por todo mi contexto. Grito "es una ilusión, no es real" y lo repito veinte veces. Pero no es suficiente pues vuelvo a caer en la misma trampa de dientes que desconfían de mis ambiciones. Quiero conseguirte, ansío tenerte. Pero, Dios, no es sufiente. No consigo alcanzar el cenit que con tanta obsesión guardas de mí, como el regalo funerario de una muerte inacabada que vuelve a despertar, así es tu amor que se manifiesta a través de mis mil mensajes al cielo. La nube que me llevaba hasta tí descarrila sin control y se vuelcan mis lágrimas de fantasías que no llegan a la subconsciencia para que mis neuronas trabajen en el sueño deseado. He volcado la copa de tus sueños conmigo, he buscado tu olor en el aire, en mi ropa, en mi colección de fragancias que aún permanece inacabada porque aún falta la tuya. Todavía no la encontré.
Vuelan hacia mí tus deseos y crees que soy una especie de mago de la lámpara, pero, !oh, qué equivocada estás! Jamás pude hacer nada que fuese real y ahora no será distinto. La felicidad se brinda en pequeñas porciones que no percibimos, pero que están ahí, intermitentemente.
Estuve a punto de pensar que algo no andaba bien, que una vez más la desesperanza volvía a caer en mi cabeza una y otra vez recordándome que estoy sola. Las luces que creía ver asomarse por la ventana de mis ojos eran simples faroles. Pues lo único que atacaba a mi desconsuelo era la nocturna mirada de tus ojos, que me llaman desde algún lugar del mundo. La vida se muestra capaz de saborearme tranquilamente mientras yo muero de agotamiento, cansada de tirar del universo para poder contemplarte. Mi retina no es capaz de memorizar tu rostro cuando en una foto puedo verte, ver lo capaz que serías de enamorarme aún más si te encontraras aquí pero, ahora, sólo puedo vivir de cachitos de carne que se me antojan banquetes. Sé que no tendría que preocuparme cuando nuestras manos se entrelacen para siempre, cuando nuestros besos se fusionen como una melodía aterciopelada que seduce y suaviza todas y cada una de las cicatrices que me componen. No sabes lo que guardo en mi interior, es como algo que inevitablemente cambiará cuando te hayas ido.
El cuerpo humano se caracteriza por la complejidad de su funcionamento, aparatos enteros, órganos, músculos y demás. Todos son iguales en todos nosotros a no ser que sufran alguna enfermedad, pero técnicamente, somos los mismos. ¿Qué es lo que cambia, lo que nos hace diferentes? ¿Son el color de ojos o del pelo? No, no es eso. Es nuestra alma. Nuestro monstruo. Cada uno tenemos uno. Uno diferente al otro. Dime, ¿cómo es el tuyo?
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