25 feb 2015
Ensayo de putas ganas de nadar en profundidades que me ahogan
El tiempo ha sido durante años tan temido por aquellos que no han sabido recolectar en sus prados los recuerdos que ya no volverán. Y arrepentirse, sin embargo es un descuido que te empuja violentamente por lo que nadie está dispuesto a asumir si no consigues poner en cosmos cabeza y corazón; raciocinio e instinto.
La pérdida es la muerte como la muerte es la pérdida y cada vieja paradoja es tan sólo la misma reiteración en número pi. Todo lo que conocemos tiende a repetirse en bucles. Descendimos a los infiernos con paso petulante encontrando en caminos de bandidos supuestos pedazos de lo que un día nos hizo libres. Sexo, cigarros y palabras que nos devolvieron el dominio. Así que estamos tomando sin duda la decisión de ser nada más que nosotros mismos, que se basa en erradicar en lo absoluto nuestros placeres en el fuego demoníaco que es obviamente nuestro vicio. Amemos ese vicio intensamente como la prueba de que aún hay sueños que podrían suponer la transformación, la transición y el regocijo de haber visto que toda conexión consciente pasa a través de mí formando nuevos recodos de adentro hacia el mundo. Hablo sin abrir la boca, con los ojos de quién se ha llenado de locura por golpear a su antojo las ideas contra las escápulas a traición. A sabiendas de que no traiciono mis premisas, si no la prisa de encontrar la vida que no crece dentro de mí. Me entristece la desazón de no saber nada a pesar de la experiencia. Estoy triste porque me quise desinhibir hasta el punto de no volver a nada conocido. Parece ser que me he asesinado y claro, sangro como todos. Si ya sé que no sólo el sexo puede salvar mi oniria, pero en cierto sentido sólo en cuerpos adyacentes al mío hallé mi libertad. Y nadie, por no saber explicarme o quizás es que no exista comprensión sobre mí, entiende lo desesperante que puede ser para alguien que ha amado tanto al amor tonto haberse perdido intentando encontrarse. Algunos dicen que es que amo al amor de forma altruísta y ahí está el conflicto. Yo creo que amo el conflicto. Y ahí está lo auténtico de Dramor, ese dragón que comenzó a soplar fuego de su boca quemando uno a uno nuestros árboles frutales y con hijoputismo innato fue prostituyendo la idea de que amor sólo es dopamina en el cerebro.
No sé cómo he podido llegar a separarme la piel de los huesos cuando no se nota ni la brisa que me suaviza. El viaje astral nos dejó a la orilla en playas de infinita lejanía y exagerada adversión Si ya no veo, y por no ver, no me decoro el interior porque está seco echando de menos el sabor agridulce de los besos que te quitan los adornos dejando sólo la fealdad de esos huecos nihilistas y se van; la nada en tiempo desconocido. Espero que alguna cosa me sepa a verdad a partir de este mal trago que se llevó la pasajera que anida tiroteos bajo parpadeos innecesarios. Pero píntame de frescos, de sarcasmos, de conocimiento. Por favor, desearía que me nutrieras sin vértigo a caer en pozos libres de miedo. No me gusta lo que escribo, tú que me estás leyendo tampoco te gustará la sensación de perder un poco de tiempo al leerme para no entender ni un ápice de lo que digo. Pero creéme si te aseguro que no escribo para mentes que se vacían de intentar al menos darles un sentido.
Quitándote de en medio quebraderos de cabeza sólo puedo decir que estoy endeudada con el frío que me deja en números flojos. Que me entiendas, joder, que no me veo bien, que tengo ciego el tercer ojo, que la boca me sabe a cenizas y el ámbiente me huele áspero. Que vivo soldándome las sienes por si un día me sale volando el cráneo. Que te quiero, vida, pero pocas veces has sabido devolverme lo que me es propicio. Y ya estoy cansada, vida, de encontrarme dispersando mis facetas en despedidas que no se dan, en abrazos que se niegan por miedo, en pateos que no di por gilipollez. Que lo siento tanto, vida, por no recordarte bien. Que me duele tanto, vida, darme cuenta de que me tragué el alquitrán y ahora me quema el veneno provocándome estas porosidades que doy en tonos de voz. Que me quiero follar mejor de lo que alguna vez creíste haberlo hecho, pues mentira, y lo siento, por no haber sabido cómo se entiende de verdad el alma. Y siento sin culpa el nudo en mi garganta por si no vuelvo a aprender a ver el mundo como lo veía, porque en ese mundo existíamos todos a mi manera única de ver y nadie lo cuidó. Me siento herida de muerte. Donde hubo destrucción, también hubo construcción pero el ambiente huele a sucio cemento seco donde antes habían fragancias. Asco y miedo en las venas. Te digo que tengo miedo, vida, y siento que me mal instruyera en poderes cobardes. Pero sí, sin duda también siento que no supieras entender lo que supuso la autodestrucción. Con ella, desaparecí yo, pero sobre todo, todo el mundo desapareció en un apagón, y al estar en número rojos, vida, más siento no poder darle luz al gas oscuro que no podría reflejarla. Te sigo odiando, vida, por haberme creado la sensación o fusión de estar sola con una cabeza que cada vez entiendo menos como si me colara de lleno en una espiral hacia dentro de mí misma para caer en gravedad 0. Flotar sin sentido, ¡qué más quiero! Emociones que más quiero me dejan, me olvidan, me entierran en soledad ácida. Dame un bocado y verás a qué sabe el limón solitario del frigorífico. Y no me gustaría, y lo siento vida, porque no me gusta por saber que a ti tampoco te gustaría encontrarme si ya no soy.
-Ensayo de putos sueños de nadar mar adentro.-
La dubitativa
El tren estaba a punto de salir. Su pitido me había hecho perder los nervios casi de inmediato y no conseguía sentir otra cosa que no fuera el eterno pause; mi cuerpo paralizado por la incertidumbre. No estaba segura de nada en aquel momento y lo sabía. Como quién ha visto a la parca pasar ante sus ojos, en ese caso yo me quedé como estatua de sal visualizando en mente y cuerpo lo que supondría no coger el dichoso tren, y, así por mi mente se fue materializando en proyección la serie de sucesos devastadores que me dejarían aún más seca si cabía, y esa era autodestrucción de todo lo que era mi vida. Las "flores", lo nuevo, la frescura, el sabor, mis conocimientos... todo lo que una vez creí conocer subió a ese tren y se marchó después de haber estado esperando más de lo que debiera a una yo dubitativa y llena de verdadera psicopatía que recogía su pie en el aire con clara intención de dar un paso pero lamentablemente otra vez lo dejaba en el sitio del que yo tan dubitativamente idiota no le permití despegarse ni si quiera horas después de que ya no estuviera en andén alguno.
Y el pitido volvía a pedirme a gritos que subiera y yo estaba demasiado asustada, plantada, siendo el árbol que te encuentras un día en el jardín sin cómo
ni por qué bajo la suposición de que alguien dejó caer por accidente la semilla de la desesperación. Sí, aunque comprendía que había llegado mi hora, el punto de inflexión o como se entienda. Sin embargo, no me apeteció aceptar los cambios en el guión.
Al final mi cuerpo no se movió ni un milímetro aunque mi mente soñó que se subía a uno de esos vagones sin dudar en dejar el recipiente vaciƥ tras de sí, como si hubiera sido una ameba que se había cansado de vivir a la sombra de su hermana, que quería ser libre y en un arranque dejó a la defectuosa y subió con espíritu libre al vagón. Pero seguía soñando despierta después de todo pues la chica que algún día fui se había quedado atrapada en esa estatua de sal en medio de ninguna parte y lo que se había ido se trataba de mis ideales. Mi otra y y mejor versión de mí. Me eché a llorar y lo pasé mal. Y ahora
quisiera volver obsesivamente al estado que se sentó en algún asiento de ese tren-ida. Habrá alguna forma de hacerlo volver o quizás es que al mismo tiempo la esperanza fue de polizón creyendo ingenuamente en mi promesa de seguir adelante a pesar de todo.
¿Y qué se hace cuando pierdes la esperanza? ¿Qué se hace cuando pierdes la cabeza? ¿Qué haces con la vida cuando no dejas de perder trenes mientras resoplas de aburrimiento? Yo lo sabía, me repito pero me sigo preguntando sin poder entender lo que me pasa/pasó para
responder con algo válido.
Y las lagunas mentales en este mundo no han hecho mucho por sacarme de este show anafiláptico que sigue pesando mi alma en gramos.
Reallyrealief
ni por qué bajo la suposición de que alguien dejó caer por accidente la semilla de la desesperación. Sí, aunque comprendía que había llegado mi hora, el punto de inflexión o como se entienda. Sin embargo, no me apeteció aceptar los cambios en el guión.Al final mi cuerpo no se movió ni un milímetro aunque mi mente soñó que se subía a uno de esos vagones sin dudar en dejar el recipiente vaciƥ tras de sí, como si hubiera sido una ameba que se había cansado de vivir a la sombra de su hermana, que quería ser libre y en un arranque dejó a la defectuosa y subió con espíritu libre al vagón. Pero seguía soñando despierta después de todo pues la chica que algún día fui se había quedado atrapada en esa estatua de sal en medio de ninguna parte y lo que se había ido se trataba de mis ideales. Mi otra y y mejor versión de mí. Me eché a llorar y lo pasé mal. Y ahora
quisiera volver obsesivamente al estado que se sentó en algún asiento de ese tren-ida. Habrá alguna forma de hacerlo volver o quizás es que al mismo tiempo la esperanza fue de polizón creyendo ingenuamente en mi promesa de seguir adelante a pesar de todo.¿Y qué se hace cuando pierdes la esperanza? ¿Qué se hace cuando pierdes la cabeza? ¿Qué haces con la vida cuando no dejas de perder trenes mientras resoplas de aburrimiento? Yo lo sabía, me repito pero me sigo preguntando sin poder entender lo que me pasa/pasó para
responder con algo válido.Y las lagunas mentales en este mundo no han hecho mucho por sacarme de este show anafiláptico que sigue pesando mi alma en gramos.
Reallyrealief
6 ago 2014
Alimarromas significa alucinógeno

¿Sabes qué?
Se me ha desvelado un oído
de no posarlo contra tu ombligo
y ahora no para de escuchar, a susurros,
que echa de menos el ruido del goteo
que hace tu respiración saliendo de tus pulmones
al otro extremo del tapón.
Y no sabes lo que me gustaría que estuvieras aquí
para que mi boca recogiera tu saliva,
que tiene el sabor más dulce, tierno y brillante
que nunca he probado en este mundo insípido e insonoro.
27 jul 2014
Piensa afanes y recogerás ciegos
Esta mañana me he sentido abatida nada
más abrir los ojos como si la vida se tratara de más cosas a parte
de nuestro deber y deseo por afrontarla.
La personas nos hemos vuelto
insensibles. No es que ese sentimiento no estuviera ímplicito desde
un primer momento en nuestra forma de relacionarnos, si no que ahora
es una manera de comportarnos casi en todo momento. ¿Qué ha sido de
dejarse llevar por lo que sentimos? Desde un punto de vista objetivo,
el romanticismo que impregna el universo de las emociones se percibe
desde fuera como un intento para mantener los sueños a flote. Si
parece demasiado sensible la belleza de la pura sensibilidad hasta el
punto de percibirla con desasosiego, ñoñería e inexistencia es que
lo es. ¿Es posible que el romanticismo haya muerto o que se haya
vuelto tan difícil de encontrar que ya no nos planteamos si puede
existir? Mi cabeza se dedica a separar en dos caminos diferentes que
se abren como un árbol cronológico de posibilidades, como Mr.
Nobody en aquella película dando saltos en el tiempo que no impedían
su avance lento y agónico aunque por otra parte sea un punto de
inflexión ideal para la cuestión y el cambio. Sólo la idea de
pensar que pueda dar rienda suelta a la imaginación y que se desate
un sinfín de posibilidades, me cubre de una manta asfixiante.
Nada se sabe y lo que se sabe ni si
quiera tenemos en cuenta si es importante o no.
Las personas que van de cabeza hacia lo
que quieren, viven en un continuo espacio-tiempo en el que el pasado
es sólo una prueba recordatoria de que estuvieron vivos tiempo
atrás, antes incluso de llegar a pensar que un segundo después esa
experiencia se convertiría en parte de nuestra historia. Quiero
decir, ¿recordamos realmente lo sucedido tal como fue o acaso
guardamos las sensaciones que se pasearon por nuestro cuerpo y mente
(obviando que ambos conceptos se encuentran en un mismo sitio: la
mente) en ese instante concreto? Me refiero a si lo que nos llevamos
sólo es nuestra propia interpretación de los hechos o a parte
recogimos la visión, la forma de pensar y de sentirlos por aquella
persona con la que compartimos la experiencia. ¿De verdad
compartimos momentos y pensamientos si esa circunstancia no se da?
Porque de otra forma, nos hemos pasado gran parte de nuestra
existencia dedicando el tiempo que tenemos para entretenernos
mientras no tenemos otra cosa que hacer que esperar el final del film
como si éste fuera demasiado aburrido, una eternidad más allá de
la inmortalidad, viendo pasar la vida que nunca nos ha llamado la
atención pero no podemos hacer otra cosa que permanecer en ella a
expensas de que algo la haga diferente. Ese algo es el amor,
romántico o no, pero aún sin que se trate de ello, abrazamos
nuestra existencia, esa respiración intermitente que nos dice “Eh,
estoy aquí” y la cualidad creadora de profusas variables que, sean
del tipo que sean, nos hacen únicos y especiales. La imaginamos,
nos la cuestionamos e intentamos que la idea de vida que nos gusta
sea adecuada y afín a nosotros aunque sea inflexible y sólo nos
sirva para ignorar lo solos que nos encontramos de vez en cuando.
Y digo yo, echo de menos estar
enamorada de quién soy y nunca me había fijado en que todo depende
de hacia donde se dirija ese sentimiento. Así que quizás sea un
buen momento para dejarlo estar y no obsesionarme... ¿Acaso la
aceptación no es la única manera de reconocer que nos gusta estar
aquí? ¿Acaso cuando estamos solos en realidad estamos con nosotros?
De esa forma, no considero la soledad como un calvario porque me
gusta estar sola y habrá más ocasionas para sentirme completa y
parte de mí.
Pero eso no significa que no vaya a
sentirme perdida en el propio caos de mi cabeza con que consigo
reajustarme de nuevo, reinventarme por dentro e intercambiar la
perfección por la superación. El mix de ingredientes que necesita
mi motor para asestar los rugidos y los arañazos que acojonarían a
la misma infinidad universal. Al menos la exageración me hace
gracia.
24 dic 2013
Dualidades especiales
Nadie dijo que fuera fácil,
eso de quererse
con "errores" de accesorio,
quizás todos sueñan
demasiado en su ombligo,
siempre fijándose en lo poco
sin sueños de alegría de bolsillo.
Pues las pequeñas cosas
son las que nos hacen libres,
pues en tu pequeño mundo, no hay cadenas,
si no galaxias enteras
de quererte contigo,
de quedarme conmigo,
y que seas lo bonito
de lo que escribo,
sin dolores ni goteras,
que no sean de pasar
más de una noche
sin frío...
Eres,
existes
y te vivo,
mas avivas
con tu ruido
mi sordera,
cuando el mundo se silencia
porque grita tu cuerpo y el mío,
y lo bonito que puede ser
desgarrarse a veces
con lo bien hecha que está tu boca.
Que no hay relojes,
ni tiempo que se agote,
sólo eclipses de lunares
provocados por mis dedos
atraídos por la gravedad
de tus descuidos
al mirarme el culo
cuando llevo puestos tus pitillos.
Ya sé que no me entiendes
cuando hablo con metáforas,
ni tampoco conoces
el motivo de ponerme tu ropa,
cuando la mía se toma vacaciones,
ni yo a ti cuando hablas con razones
de quien se ha quedado sin locura,
golpeando, con soltura, mi boca
con tus besos áridos,
por eso yo te hago perder la cabeza
y tú me haces hallarla,
sin más armas
que cuatro ojos
sin mirillas
y sin miedo.
20 nov 2013
De destellos y espejismos
Una vez me dijeron que no hay palabras sin silencios entre ellas.
Vas como si nada, dejando que el mundo vaya cambiando tu alrededor, quién eres y tus porqués. Quién quiere, puede perder el rumbo en estos días de tormenta, de acabar salvajes y dormidos bajo estrellas que no brillan. Y a la intemperie, con el frío a oleadas y sin abrigo, vas apartando la hojarasca, rescatando de debajo de la tierra los quejidos que hacen temblar los cimientos, que endureces cada día.He querido acallar durante siglos el rugido que quebranta mis quimeras y, como un eco atrapado en el limbo, vuelve e interrumpe el viento a favor. “No vayamos tan despacio”, me dije sin oírme. “No vayas tan deprisa”, me dije sin tiempo. Porque nunca es demasiado pronto o demasiado tarde, pero siempre es tarde demasiadas veces.
Veo vacíos donde hay espacios, silencios donde deberían empezar las palabras. Promesas que pierden altura con mi vuelo raso. Y algo, pequeño e importante, muere aquí dentro, con la falta de oxígeno. Pero nunca del todo.
Respiro y recupero de un golpe los sueños, perdidos como niños en “nunca jamás” que no me atreví a pronunciar. Aparto con la mano los pájaros carroñeros, ingenuos de creerme abatida y no moribunda, y desato junto con los nudos de estómago, la mordaza que silencia mis pasos. Asusto a los fantasmas abriendo las ventanas, iluminándome confiada de no encontrar más que telarañas por el desuso. Soplo y levanto el polvo que cubre la piel muerta de lo que fui. Enciendo las luces, pongo en marcha el show de los actos y segundos vividos, como un rodaje casero: tierno y lejano. Entiendo el proceso, apunto inquietudes y beso las corazas y armaduras que se cambiaron por mí en algún momento. No las echo de menos y me descubro segura de quien camina ahora. Y, al desquitarme de vestidos carcomidos, las interferencias cesan; la piel coge aliento y continúa.
Así, desde que la libertad para mí pasó de naturaleza a modo de vida, acepto que hay veces que los silencios entre palabras sólo sirven para coger aire y seguir usándolas.
11 oct 2013
Establecidas
Pusimos a punto nuestras armas, acicalando cada recoveco de sus estructuras, abrillantando las zonas polvorientas y carcomidas y reconstruyendo desde los cimientos nuestras capacidades muertas. Levantamos la mirada casi al unísono y perdimos la orientación al mirarnos a los ojos. El tiempo parecía espesarse con el aire, congelando los átomos en el universo y creando una atmósfera, que como una bomba nuclear, sería difícil de olvidar y separar de nuestros huesos.
Desdoblamos lo que somos, relatando nuestras historias y descosiendo las heridas, sin dejar de apuntarnos directamente, dejando a los sucesos hablar por sí solos. Y caí en el hecho de que tal vez sí hagan falta palabras a veces que justifiquen nuestros actos, que no es suficiente con decirnos las verdades y actuar en consideración con ellas, que hace falta también decir a veces por qué las hacemos.
Sólo nos apuntamos y miramos cómo somos, viviéndonos poco a poco, esperando que empiece el invierno para cobijarnos en nuestros duelos de silencios. Nos desafiamos, nos provocamos, para hacer caer el telón y descubrir de qué aciertos estamos hechas. Y ninguna baja esa guardia inamovible, aguardando el momento de explotar como los días que amanece antes de tiempo.
Porque aún nos quedan muchos motivos para echarnos de menos aunque aún tengamos que despertar de sueños que ya se están cumpliendo.
Desdoblamos lo que somos, relatando nuestras historias y descosiendo las heridas, sin dejar de apuntarnos directamente, dejando a los sucesos hablar por sí solos. Y caí en el hecho de que tal vez sí hagan falta palabras a veces que justifiquen nuestros actos, que no es suficiente con decirnos las verdades y actuar en consideración con ellas, que hace falta también decir a veces por qué las hacemos.
Sólo nos apuntamos y miramos cómo somos, viviéndonos poco a poco, esperando que empiece el invierno para cobijarnos en nuestros duelos de silencios. Nos desafiamos, nos provocamos, para hacer caer el telón y descubrir de qué aciertos estamos hechas. Y ninguna baja esa guardia inamovible, aguardando el momento de explotar como los días que amanece antes de tiempo.
Porque aún nos quedan muchos motivos para echarnos de menos aunque aún tengamos que despertar de sueños que ya se están cumpliendo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

