27 ene 2012

Tonterías

Hoy me apetecía escribir de gilipolleces. He mirado por la ventana, he visto como caía la lluvia por encima de todas las cosas. Me he visto a mí misma debajo de ella y me he sentido viva.
La verdad es que últimamente necesito sólo eso: sentir las cosas otra vez, sentirme viva. Llevo pensando mucho tiempo que me encantaría besar a alguien como si fuera mi primera vez, vivir mi primer amor. Vivir esos nervios, esos pensamientos imbéciles que se tienen cuando te estás enamorando. Vivir noches en las que tocar la mano de esa persona por primera vez sea en lo único en lo que pienses. Que vayan pasando los días, y las semanas, y vayan sucediéndose las cosas al final. Sentirme insegura, dudar, tener esperanzas, hacerme ilusiones... Enterarme de que esa persona también siente lo mismo.
Vivir amores adolescentes de esos que ahora me parecen estúpidos.
Hacer el amor y que no pareciera un polvo más.

Pero bueno, en el fondo sólo son gilipolleces. Nostalgia, supongo. No estoy muy segura.
De lo que estoy segura es que me encantan los días lluviosos como este. Y lo que me viene a la cabeza con cada gota que cae y se cuelga de mi ventana.

21 ene 2012

Recesión




Tenerte tantas veces dentro de la cabeza, me hace preguntarme quién eres ahora. Acabo de cumplir diecisiete años y me siento idiota en mi mayoría. He dejado escapar demasiadas oportunidades de ser feliz y, al fin y al cabo, es eso lo que llevo buscando desde que sé lo que significa.


“La felicidad es el porqué de la vida y es lo que todos debemos encontrar en ella”.


Esa frase es una de las muchas que se me han quedado grabadas de mi infancia y ese deseo aún perdura. Pero, ¿cómo sabes que una cosa te hará feliz a la larga o no? El sólo simple hecho de sentirte bien con ello superficialmente no aclara nada, porque sabes, sé, que eso siempre cambia conforme va pasando el tiempo y se van olvidando esos motivos por los que empezaste esto o lo otro.


Siempre me han dicho que hablo demasiado del amor, ese cuento que tiene a medio mundo encandilado, ese cuento que nos leían de pequeños antes de ir a dormir. Ese cuento que te rompe demasiadas veces, y ya no el amor, si no su forma de utilizar ese amor con los demás. Que no decir que es un arma, más fuerte que ninguna otra, un arma que puede hacer feliz a todo el mundo a la vez o hundir a sólo uno en su contrario, el odio. Pero no entremos ahí. El odio es tan fácil de sentir como el amor, y a veces cuesta mucho enamorarte o darte cuenta de que lo estás. Ahí entra el papel del miedo, cuando él te agarra del cuello y junto con la negatividad, te cuenta lo que será de ti si decides amar.


Muchas veces, he de reconocer y todos, que la consecuencia de amar no es siempre “fueron felices y comieron perdices” pero ahí recae el riesgo. También, la felicidad que puedas sentir durante ese viaje es comparable a lo que sufrirás si de repente esa felicidad se pierde. Cuánto más feliz seas, más sufrirás si esa felicidad de repente desaparece. Pero lo que viviste, lo feliz que has sido recorriendo ese mundo, eso nada ni nadie puede quitártelo.


Con esto quiero llegar a que, si sabes que alguien puede hacerte feliz, despreocúpate de lo demás y vívelo. Aunque duela después, nadie podrá arrebatarte esa felicidad, esos recuerdos y siempre habrás aprendido algo, aunque no lo creas. Y cuando aprendes y recuerdas lo bueno, lo mejor viene después. Porque ya has vivido esa prueba difícil y la has superado. Has puesto masilla y cemento donde erraste y ya jamás volverán a abrirse esas fugas. Pero, es cierto, que somos humanos y que aprendemos a base de palos. Puede que vuelvas a equivocarte, pero si tú quieres, siempre puede ser para mejor.






Y ahora, recaigo sobre mi primera frase: ¿quién eres ahora para mí?


No lo sé. Ni siquiera sé quién es para mí cualquier persona. Y lo que he dicho anteriormente queda vacío de toda credibilidad cuando digo que ni yo misma lo pongo en práctica. Tal vez necesite un empujón, tal vez te necesite a mi lado una vez más. No puedo obligar a nadie a que haga esto de esta forma. No puedo obligarme a sentir, cuando no sé qué es lo que siento. No puedo obligarme a decidir. Tal vez la solución sea alejarme de todo esto más de lo que me he alejado, perderlo todo, para saber qué es lo que quiero recuperar. Tal vez sólo necesite dejarlo todo, para saber que es por ti, sea quién seas. Porque, lo dejaría todo por ti… Si realmente fuera capaz de hacerlo y me dieras el motivo único por el que abrazarte con fuerza al despertar. Aunque motivos para ese, encuentre millones más.


Lamentablemente, estoy enganchada a eso que me haces de nuevo sentir, ese calor que tanto eché de menos meses atrás, esa boca que no se equivoca ni un poco en su forma.


Ese amor que aparcamos durante meses y que parece nacer tan sólo de chispas… Y en tan sólo dos semanas hayamos visto nacer llamaradas de ellas. Y parece nunca acabar.


Estoy tan colgada de esas pestañas, de esos ojos, los tuyos, de tus piernas y brazos sobre mí. De toda tú en lo que eres, sobre mí. De esos “te quiero” que hacen que te cierre la boca con un beso cuando estás a medio acabar de decirlos. Y saber a ciencia cierta, que pase lo que pase, seguirás siendo ese motivo único por el que amar a alguien deja de asustar. Aunque siga sin saber quién de ambas guardará la felicidad que necesito, y yo siga sin arriesgarme a descubrirlo.

9 ene 2012

Vivo verde


Lo he pensado y no puedo creerlo,
Tan bonitos tus brazos sobre mis hombros,
Tu cabeza apoyada en la mía,
Tus ojos, que a esa distancia, se vuelven
Uno sólo, de un vivo verde que hace que des
Un paso hacia atrás.

Me he acostumbrado a ello, sin embargo,
A tenerte entre manos, acercarte la cadera a la mía,
Besarte cuando creo que no hay más que decir.
Y sacar ganas de abrazarte cada día al despertar.

Lo he pensado y es difícil de creer,
Lo importante que es que me cojas la mano
Todos los días que no estás conmigo.
Lo importante que es que sonrías
Y empujes el sol a salir con tus suspiros.
Que hables de mí, que me piten los oídos,
Que seas para mí, que sigas siendo
Tan tuya como siempre.

Quiero despertar todos los días a tu lado.
Quiero que me abraces y me beses
Los trescientos sesenta y cinco días
Que dura el año, hasta que acabe el mundo.
Quiero que me quieras, quiero verte sonreír al decirlo.
Quiero naufragar de mi razón
Y acabar a la deriva, besarte la piel de espuma,
Mecerte las carcajadas, alimentarlas de alegría.

Y verte todos los días irte.
Soñar que volveré a besarte mañana,
Igual que hoy.
Quererte sin condiciones, susurrarte cada estrella
Antes de dejar que te vayas a dormir.
Para que sueñes con ellas, como yo sueño contigo.

31 dic 2011

31


Se me hace muy difícil escribir todo lo que ha significado este año para mí, tanto en cosas buenas como en cosas malas.
Este año he llorado más que nunca, he reído más que nunca también, he olvidado y he vuelto a recordar. He dejado a gente en el camino y muchas de esas personas me dejaron a mí, personas que ya no merecen estar en mi vida ni yo pertenecer a la suya.
Me he dedicado a caminar sobre los meses de este año, que califico de “tener un poco de todo”, porque si he reído es porque sobraron alegrías a veces y si he llorado es porque algunas veces caducaron.

En este año que muere conforme los minutos pasan, en un atardecer largo y sangrante, reflexionando sobre todo lo que pude hacer y no hice, todo lo que pude ser y no fui, todo lo que pude elegir y no escogí porque no era el momento de hacerlo… No me arrepiento de absolutamente nada.


En este año he recuperado a personas que decidieron marcharse, concretamente la persona que más he querido en mi vida. En este año, la perdí dos veces y ella también me perdió a mí, aunque a veces pienso que en muchas ocasiones nos perdemos solos en este vaivén de palabras, de fechas, de besos, que ya no significan nada pero que marcaron muchos comienzos y muchas despedidas. Ella se fue y parte de mí se fue con ella y con lo que fuimos. Los abrazos, los besos; tantas y tantas veces verla caminar a mi lado y tener ese motivo único por el que sonreír. Pues la mayoría de las veces que pensé en este año y mi corazón latió fue por ti, por las cosas que hacías, por los momentos que pasamos en el mismo carril del camino y que ya no volverán. Y no por ello olvidaré. Recordaré siempre las cosas que nos hicieron felices a ambas y enterraré con este año, los días grises y semanas que como agujas, aún me arañan la piel.  Espero de verdad, desde lo que aún me queda por olvidar, que ojala sea feliz. Sea sola, sea con alguien más. Que sonría y llene el año que va a nacer de sus ojos al reír. Nada ni nadie necesita más, y aunque nuestros caminos nunca volvamos a unir, siempre quedarán estas líneas y los pensamientos que fluyan en su cabeza al leerlas. Gracias, por hacerme feliz y hacerme daño. Sin ambas, no sabría lo que es vivir.

Personas que se van; personas que aparecen. Personas que haces aparecer, pues eres tú mismo quién eliges a quién quieres mantener cerca de ti. Yo decidí que la chica que conocí un día de Abril, la que es ahora mi mejor amiga y una de las personas que más quiero y seguiré queriendo cada vez más, se ocupara de recomponer los pequeños pedazos en los que me había roto. Ella fue y sigue siendo la única persona que consigue hacerme sentir especial, que consigue que las sonrisas que me salen a la voz no sean sólo espejismos. Me hace feliz, me encuentra dónde yo ya busqué antes, me saca de los pozos donde, asomando la cabeza, me caigo. Sin ella, sin sus días y sus noches, sin sus viajes pensados el día de antes, sin sus bromas y sus “te amo”, sin toda ella en su pequeño y perfecto conjunto, no sería más que trozos de mí esparcidos por una vida que no flota. Gracias por todas y cada una de las cosas que has hecho por mí en este año. Gracias por todo lo que sigues haciendo, por cumplir todas tus promesas y no fallarme jamás. Por existir, gracias. Te amo.

En la vida que he ido tejiendo a lo largo de estos trescientos sesenta y cinco días, he conocido personas maravillosas. Personas como aquélla chica con la que tan solo y desgraciadamente estuve una semana y un mes entero disfrutando de sus besos. Supongo que por cosas del destino y demás, nuestros ríos se han desviado por afluentes distintos. Ahora ella es un amiga muy querida para mí y quién dice que “algún día…” decida volver a llevarle ese café y esas tostadas a la cama. Quizá algún día vuelva a necesitar que me saquen de aquí, quizá algún día sea nuestro momento. Me alegro que aparecieras. Gracias a ti estos meses de atrás se hicieron más amenos. Y fui feliz y te hice feliz, eso es lo que más nos debe importar. Muchas gracias por aparecer de la nada y ayudarme de mil formas distintas. Gracias.

Echaré de menos este año, echaré de menos todos los momentos que dejo atrás. Darme cuenta que estoy creciendo, que dentro de menos de un mes cumpliré diecisiete. Que seguiré siendo niña en espíritu pero no en responsabilidades. Echaré de menos a todas las personas que se fueron, todas las veces que quise que volvieran, echaré de menos las carcajadas y las lágrimas amargas que vertí tantas noches en mi almohada y que ahora sé que no merecían la pena. Y cuando me despierte el domingo, sé que miraré al sol directamente y me daré cuenta que todo lo de atrás, no sólo este año, sino los anteriores, me han hecho mejorar como persona. Que sin el dolor, sin la culpa, sin la alegría, sin la recompensa, el amor, la vida, el cariño, sin la pena, la rabia, la intuición, el ímpetu… Y todas esas emociones y sensaciones que he experimentado y las buenas y malas situaciones durante mi vida, sin ellas, no sería lo que ahora soy.
Gracias a todos mis amigos, que por tiempo no puedo mencionar aquí. Gracias a todos los que me queréis, a todos los que quiero, a mi familia por dármelo todo y seguir ahí, aguantándome y enseñándome cuándo se acaba el mundo y cuándo no.

Por ellos, por todo lo que he sido y, lo que gracias a ellos y sobre todo a mí misma, he llegado a ser, me siento más fuerte que nunca. Seguiré haciendo lo que me gusta, el arte. Seguiré soñando, seguiré poniéndome metas imposibles de alcanzar, cometeré todos los errores posibles, me propondré retos imposibles de llevar a cabo, cruces imposibles de sobrellevar. Y seguiré superando cada uno de los obstáculos, y disfrutando cada una de las sorpresas, que me tenga preparadas ya no este año que viene, sino esta vida, que por mucho que a veces me cueste, no quiero que acabe.






































































































Adiós 2011.            

                                  No fear.