21 nov 2012

Pedazo



Lo sientes, lo siento. Pero tú lo sabes menos que yo. Hacemos aguas por todas partes. Y no nos cansamos de hundirnos una y otra vez, como una costumbre y no suelo calificarme como una chica de costumbres. Tal vez sí de no diferenciar las mismas piedras que me hacen tropezar con el camino por el que paseo.

Qué magnéticos tus ojos, ojos de páramo onírico. Si voy al infierno quiero que me lleven ellos en su neblina difusa, que se me agotan los pasajes para escapar de este mundo de locos. Y desde lejos, me he acostumbrado a llevar una corbata que me aprieta demasiado y ni si quiera me pega con los zapatos. Tal vez no eres tú, ni yo, ni el tiempo que ha pasado. Sólo no queda aire suficiente en esta mi cápsula para poder mantenernos vivas a ambas. Pero sólo es un supuesto giro de los acontecimientos, porque sigo sin querer soltarte, ver lo que me creas dentro. De momento tan sólo me sustentan mis venas, que se rellenan de ilusiones líquidas y grisáceas, de gotero barato de la autosuficiencia de lo que me supone poner esta tercera mano al fuego. Ya no me quedan extremidades que apostar en esta carrera contrarreloj en la que si no entras en el tiempo, mi corazón deja de absorber para acabar pesándose en gramos.

No quiero convertirme en polvo aún, ni arder si no es contra tu lengua. Sólo quiero que me hagas sentir lo suficiente, ese placaje a mi pared de yeso, que la derrumbe de una vez por todas y pueda respirar el oxígeno que supone que existas.
Y se está acabando el tiempo para algo más, cuando sólo importa lo de menos.

19 nov 2012

Foll-Arte




Tengo la boca seca y tampoco me importa. Sólo están tus ojos. También tu saliva, que tiene vida propia y me dice que necesita que alguien se drogue con ella. Y claro, yo me dejo quemar.

Tu ropa congela y tu piel arde, y la quito, la araño, la arranco y la desgarro. Todo eso en mi cabeza. A veces te tengo encima y te lo hago todo en ella que me quedo en ascuas pensando que ha sido real. Y a veces lo es, y cuando lo es, el mundo se reduce a chispas. Nos destruimos mutuamente y van cayendo edificios. Se apilan nuestros civiles caídos, los escombros no son si no las veces que dijimos que saldría mal. Intentamos mordernos, hacernos polvo cósmico y sólo nos pinchamos y sangramos. Entonces sabemos que es real, que nos estamos sucediendo al final.

Pruebo un pequeño bocado de ti y me hago grande como Alicia, y la ropa se me queda pequeña, me aprieta y estalla dejando paso a la piel que te grita. Más y más. Y entro en tu nube, donde a ciegas voy leyendo el braille de tus miradas de neblina estelar. No veo nada, sólo cada lunar tuyo en cada esquina, esperando clientes. Se acercan mis dedos y pagan una ronda de besos de esos que importas desde dentro, sólo para ese único momento en el que la piel es el único abrigo visible.

No hay armaduras. No hay miedos. Sólo nuestra ceguera, sin oír más que respiraciones ahogadas. No hay alrededor, ni hay tiempo. Sólo está ese pequeño espacio que ocupa un poco más de lo que somos enredadas. Sólo ese pequeño recoveco del universo, en el que sólo existen tus ojos para todas las comidas del día, dónde respiro el aire que respiras y el tiempo se mide en latidos. Dónde nos dejamos sin nada, dándonos todo en forma de hecatombes y tormentas solares. Ciegas, sordas, ebrias de nosotras mismas.
Y es en esos momentos, en los que haces que me olvide que existo en la Tierra.

4 nov 2012

Hueco


Ya no me miento demasiado. Últimamente me saco de dentro y me paseo, y recibo los rayos que no devoré en los pocos días que hace buen tiempo en invierno. Y pensar que para mí buenos días son lluviosos y oscuros, casi ahogados como este, donde algo me aprieta el estómago y sólo puedo dejarme salir.
Y paseo. Camino mucho, demasiado a veces y me voy tan lejos que… cuesta encontrarme. Y a veces me sorprendo dormida apoyada en la arboleda de sus brazos de hace muchos pensamientos. Que a saliva y lágrimas, crecieron nuestros sueños y murieron de viejos. Sé que lo sabes, aunque no tanto como solías saberlo. Ahora es distinto, cada una se empana pensando en cosas diferentes, ¿no?
Pero no fueron huellas tus pisadas o tus arreglos, ni tampoco la memoria se vuelve virgen después de tanto polvo echado… Y no, no somos conscientes.
O sí. Cuando el estado de la memoria del corazón recuerda ese romance oxidado, amor que como Don Quijote, sólo recobró la cordura para morir. Tal vez nos quedamos en extrañas y nos extrañamos a veces y conociéndonos, acabaremos coincidiendo en casualidades de mecha y pólvora.

Te importe o no, ya no curas porque ya no sangro. Que verte fue sólo comprobar que amor ido no vuelve. Y te sigues relamiendo a veces, que lo sé. Y yo sigo creyendo que tengo derecho a seguir teniéndote como parte de mí. Y sólo ocupas el corazón que lleva mi sombra.
Y aunque quisimos, nuestros sueños no eran como Benjamin Button, que de viejos podrían morir naciendo.

Pues no quiero rebobinarte. Ni sacarte brillo. Seguirás siendo ese bonito trofeo de vitrina, empobrecido por el tiempo, asfixiado en polvo y meses y olvidado.
Y dejaré de ser una estúpida que aún cree que no es la única que merece importancia en todo esto.
Fuiste tormenta y te has acabado resumiendo en viento, ruido, murmullo y eco.

Hasta sólo ser vacuo silencio.

2 nov 2012

Marrones

Tus ojos.
Dos esferas clavadas en mí,
en mi nuca cuando no miro.
Dos incandescentes parpadeos,
Que me electrifican con la humedad
De las sábanas.

Ojos redondos, almendrados a veces,
Cuando ríes y te haces grande.
Cuando feliz, creces.
Ojos del averno, del beso ignífugo
De las jaulas de tus pestañas de agua.

Ojos que devoran ropa y piel,
Que liman hueso
Y cosen las sonrisas que de capa caída,
no vencen a malvados villanos.

Uno, dos. Ojos de apego.
Ojos que besan a escondidas
Y sobrevuelan las calles de lo orgánico.
Mirada orgásmica del humo que sale
De la fricción de nuestras pupilas.
Sin dilatar.

Ojos de desgaste, de bocas del insomnio.
Ojos del desorden, de tu voz y sus aullidos.
Tus ojos son dos gritos de aviso.
Mirarlos es respirar, bocanadas del aire
Más difuso de la despensa del pulmón.

Ojos que me meriendo,
Ojos que desgarro con los míos.
Ojos de planeo, de planetas esquivos.
Ojos analíticos y secuaces
De mi placer de engaño.

Del tejido de tus ojos
Me hago las noches.
De tus noches,
Tan sólo tus ojos.


Miradas de ebrio
Coraje de saberte a dulces penas.
Fulgor de vistazos inequívocos,
De la memoria de mi almohada.

Tus reojos son los fuegos artificiales,
Que curan mis mariposas heridas.

Tus ojos, malditos tus ojos.
Tiernos puntos de inflexión.
Tus ojos son la libertad
A la que me quiero dedicar.

Son ellos, malas artes.
De sacarme de todo lo bueno
Que quedó en posos.
De convertir más de mis ecos vacíos
En golpes mudos.

De devolverme el aire a la garganta
Y poder seguir hablando
De lo bonito que es tu cuello,
Del que me colgaría sin dudar.

Tus ojos… Son una cárcel.
Con una puerta abierta
Y un horario sin establecer.
Donde me recluyo en amaneceres de espino.
Dos llaves, son ellos, con las que me abres
Y me quitas el polvo con caos.

Tus ojos son poesía ilusa
y este poema estúpido y soñador
te cree suya.

Vérsame el aire, como cuando miras
Desgarbada como te saco brillo.

Ellos marrones y comunes,
Son alados.

Mis ojos, mis malditos ojos…
Sólo desean que los hagas tuyos.

28 oct 2012

Valentía del insomnio



Tal vez escondiera las palabras tras el amanecer, pintando sus caderas con escalofríos, negando que podría desayunarse las voces que retumban en su vacío.

Si tan sólo se diera la vuelta se daría cuenta que el mundo está hecho para creernos libres.
Si tan sólo dejara de mirar su reflejo en cada par de escaparates que le recuerdan sus finales. Que su vida no es un cuentecillo de Shakespeare, para entretener a ese público que aplaude sin saber de la trama que tejen sus palabras de aguja. Y ella se sigue creyendo cada despertar como un "sigues viva", que no se alimenta de las luces bohemias de calles sin tránsito. Que cada palabra que suelta, anuda hasta el tope las corbatas de cada una de las personas que intentan darle un aprecio. Sin embargo, ella no deja que sea otra, no mejora ni se demora, ni es sutil, ni lo esconde, simplemente le pone mute a sus dolores y le da al reset cada vez que termina un día mal llevado.
Y no traga la saliva que no gasta en palabras inútiles. Ya no necesita un respiro, porque lo hace continuamente. Y abre la nevera, y la inseguridad sigue ahí, sin caducar.

Quizás el secreto esté en cada aleteo de pestañas en un autobús, en cada cerrar de ojos en un abrazo. Tal vez pudiera nutrirse de sus sueños por vía intravenosa, para que hicieran más efecto. Pero cada vez los ve más por encima de personas que acaban de llegar, como si hubieran llegado empapados, atravesando las sucias calles disecadas bajo una sábana de lluvia inesperada. Ella lagrimea un poco y piensa en razones por las que el cariño le escuece tanto al recibirlo que casi no se deja. Y recuerda sus ojos, y los mira siempre que puede, y se encuentra otro escaparate dónde reflejarse. Pero esta vez es cálido, como cada parte de sus soles. Y ella piensa que parece como si esa persona brillara sólo para ella y se jura mantenerla siempre por encima del cielo.


Tal vez la vida no la entienda en su existencia, quizás no deba correr el riesgo de llenarse con soles apagados y universos de fracaso. Pero parece todo tan fácil últimamente que sólo nota los latidos que mueren en cada andén que pisó... Latidos de cristal con miedo a quebrantar esos escaparates que la observan, esas sonrisas que ve a través de vidrieras, esas bocas, esos dientes, los labios que la están haciendo fibrilar.

Ve sus sombras, ve sus fantasmas alejarse con las palabras guardadas en cajas de mudanza. Porque donde tenían lugar ahora sólo caben sus risas y preciosos aspectos expuestos a través de esos escaparates que la llenan de sustos. Y sonríe con ellos y acaba sacándoles brillo Y los sustos, los sustos sólo son motivos para seguir siendo valiente.

Y anochecía sus ojos y amanecía a su lado. Y se devoraban al atardecer siempre que podían.




Y esa es la historia que comienzo a escribir últimamente, esperando que siempre comience diferente y nunca acabe de la misma forma.

19 oct 2012

Fast love

Tus labios, ese chapuzón que me doy cada mañana. Tus ojos, ese espejo donde peino mi pelo enmarañado. Tu voz, son buenas noticias. Tu olor, chocolate caliente en invierno.

Tú, ahora casi todo lo que me pasa se llama como tú.


16 oct 2012

Reflexiones de octubre



Va pasando el tiempo, lento, pero lo hace.
Me he dado cuenta de que no tengo por qué tenerte en remojo con el resentimiento, de que no me apetece sentir eso por nadie. Te dejaré vivir.
Cometí todos los errores que se pueden cometer con alguien, prometí muchas cosas que no se cumplirán y cambié mi visión, mi vida, cuando todo acabó. Dije que iba a hacer muchas cosas y no llegué a realizar la mayoría de ellas. También dije que no haría otras, y las hice. Y después, las repetí. Tanto como tú.
Puedes decir que yo hice cosas peores, puedes decir que me lleno de prosa y relleno mis acciones de vacío, puedes decir que no demostré ni la mitad de lo que dije que haría, porque decir, por decir, puedes decir lo que quieras.
Una historia se vale de sus hechos, de sus batallas y de sus derrotas. De sus finales abiertos o de sus finales que se entierran. Puedes mentirte cuanto quieras, puedes decir la verdad dónde te apetezca o barnizar un poco de ella sobre tus palabras. Puedes decir que las mías no tienen valor y omitir todo lo que no te interese contar de ti misma. Porque por poder, puedes hacer lo que quieras. Pero tú sabes cuál es la verdad, como es tan verdad la verdad que yo me guardo por dentro.

Por buscar, puedes buscar mi antagonista, puedes encontrarlo y creer que es por eso mismo por lo que te gusta. Porque es contrario a mí.
Puedes sentirte tan dolida y tan segura de que me has olvidado, como si realmente hubiera pasado. A mí me va bien quedándome con los momentos en los que fuimos la una para la otra. Eso es un hecho, muchas veces lo fuimos, y fuimos felices. Y ahí te tengo, como algo transcendental que ya no existe aquí pero me alegro de que sí lo hiciera entonces.
Y no significa que por ello no siga con mi vida o que no vuelva a sentir eso por alguien, sigo adelante pero teniendo en cuenta que la herida todavía está tierna. Y los desgarrones llevan su tiempo zurcir.