27 jun 2020

Escritura automática

Imagen
-Woman in white by Valerie Hegarty.-

El sol del mal,
como un líquido antecesor al hastío de los cuerpos.
¿Por qué vivimos no es lo mismo que para qué vivimos?
¿Acaso no buscamos incesantemente
hincar el aullido mediante el colmillo
de nuestras fauces sobre lo inerte de la materia?
¿Adónde miran tus ojos añiles,
presos del desajuste de las vibraciones
que conformaron en algún tiempo remoto
el desenlace de la existencia?
¿Qué pensamientos rondan por tu mente
tanto en el día como en la noche
como una búsqueda de la búsqueda
que en realidad quieres acometer
contra el tiempo que resta?
Cruces de caminos;
el lugar idóneo para poder poner en venta
lo que quede del alma cuando nunca ha existido
más allá del imaginario colectivo de aquellos
que crean un otro lado.
¿Por qué, Dios, estoy obligada a vagar
por los suburbios de mi mente,
en las profundidades de los jardines
que creé en el pasado,
como un iracundo fervor del impulso
en mi maltrecho avance en este descorazonador
mundo que ya estaba ahí cuando nací?
¿Qué clase de misericordia, bajo los términos
ya impuestos por la existencia, puedo elucubrar
si no es aquella que tengo delante de los ojos?

La espada de la serpiente serpentea
por la lengua de mis antepasados que antes que yo
descifraron los enigmas de la carne y de la mente.
Un grito a la luz tenue del segundero.
Un atisbo de las premoniciones que hago entender
sobre el infortunio del futuro, sobre la sed
que me ronda, que me ata, que me atrae a sí
con la fuerza de mil soles en descendo
hasta lo profundo del Egos y del Logos,
pues ya no soy superficialmente el raciocinio
que la lucidez del ayer vendó mis ojos con nácares.

El Yo fragmentado; el Yo en tela de juicio;
el Yo desfigurado en base a la modificación
en evolución de lo que soy.

Una mujer que no es ni mujer, ni hombre, ni infante.
Soy sólo un cuerpo y una mente que avanza constantemente
hacia mí.

23 ene 2020

Determinismo



El sonido de la vida
como un grito reencarnado a la luz del sol
desciende en el ocaso de la inconsciencia.
Ojalá ser algo más que el latido que hizo vibrar
este cuerpo desde el origen del nacimiento;
tan sólo un murmullo en el caos del imaginario colectivo;
tan sólo una súplica de redención ante el implacable paso del tiempo.
¿Qué soy? ¿Por qué soy?
Preguntas inconclusas; incertidumbre que no cesa
ante el sentimiento de la libertad en mis raíces.
Yo no soy lo que tú crees que soy; tampoco lo que yo creo,
pero soy lo que mediante mi capacidad creadora dintelo
en corporeidad vacía.
Me da tanto miedo escribir sobre lo que siento,
que ya ni escribo sobre mí.
Sólo sé describir el vacío primigenio que todos sienten alguna vez;
La desesperada purga de la emoción que me desdobla la realidad
en planos superpuestos sobre las vidas pasadas;
sobre las vidas no vividas; sobre las posibilidades no elegidas
de la personalidad que contiene mi cuerpo que ya no siento mío.


11 ago 2018

Cotton



Con el paso de los años voy a ser olvidada, incluso por mí.


Se irán desarrollando los acontecimientos. Iré y vendré y la gente irá y vendrá. Cambiaré de sitio, viviré en otras casas entre otras paredes, haré cambios de parecer en muchos ámbitos por la flexibilidad que radica en mi naturaleza y probablemente eso no creo vaya a resolver la insatisfacción. Da lo mismo que persiga realizarme en lo personal para poder resolver lo intrincado de la vida donde me tocó nacer. Estoy en determinación causal constante como principio que no puede llegar a estructurarse de otra manera, aunque sea cuestionado cada día. Tengo una mente abierta como un horizonte y, aún así, ¿qué de fácil me lo ha hecho todo? Qué sentido tiene este esfuerzo en el silencio de una sentencia como esta.


¿Por qué lo que me hace ser libre también consigue encerrarme por alguna razón? Como destinada a la evasión; a la huida del presente de paso a otro presente porque son todos irresolubles. El porqué no soporto establecerme para no tener que elegir ésta o aquella jaula.


Por qué contarle a alguien que no voy a poder estar satisfecha con nada de lo que consiga si eso sería afirmar que me espera una soledad que he querido que me guste cuánto antes para poder eludir decepciones de otros. Si digo que me gusta estar sola es por supervivencia para que no te sientas en deuda conmigo e intentes satisfacer una carencia de compañía que no va contigo ni te pertenece. Me gusta estar sola porque lo contrario es que me disguste algo que es esencialmente la realidad que todos tenemos como afrenta. La autosugestión; que si pienso a un volumen muy alto en mi mente que me encanta estar sola puede llegar a ser la soledad un poco más dulce y menos amarga, pues la he elegido yo voluntariamente. Pero no, no fue así. Ella me eligió a mí. Quien puede querer rodearse de una persona que ha asumido una realidad de hermetismo, independencia y misantropía es que comprende cómo duele asimilarla. Al fin y al cabo, es la única verdad inmutable que me he visto recibir.

26 mar 2018

La vorágine imaginaria

Las lagunas, los cambios de estado, la fluidez de una personalidad a otra, la vibración del ambiente, los matices de las cosas que percibo, la represión de las emociones, la espontaneidad, las verdades mostrándose ante el ojo impasible del que la mira, la vulnerabilidad, la risa. La nostalgia de los barrios dicharacheros, la energía que fluye de los cuerpos, las expresiones con arrugas, el tiempo que se desmenuza, la contemplación, y la evasión de la contemplación, la acción, el ahora, hacer algo sin pensar pensando, la consciencia de una con el todo. Romper mentes como cuerpos, ver caer los pedazos y conocer a fondo cualquier cuestión, o al menos, creer que la conoces, la suspicacia del conocimiento sobre las cosas que no están y ves, la transformación de la apatía sólida en apatía líquida, la satisfacción por fin. La experiencia que nunca ha cabido en un recuerdo psicodélico sobre nada que yo pudiera guardar para poder hacerme recordar dónde estuve, qué sentí, qué supe, quién he sido, quién he dejado de ser. Todo tan líquido que llega a resbalarse entre los dedos para luego no llegar a mí. Humo, agua, recuerdos escapistas. La gata que maúlla en la habitación de al lado; demonios sobre mí y yo protegiéndote de las sombras que se ciernen sobre mi cuerpo aún despierto con el insomnio a partes iguales en cada párpado abierto y la locura traspasándome, y las pupilas agujeros de gusano, y los habitáculos como parte de un escenario de maquetas que vuelven del revés otras dimensiones que yo tenía dentro. La sangre del suelo, la fregona ensagrentada, los espíritus aferrándose a los reflejos de la luz en los quicios de las puertas, la casa envejeciéndose a cámara lenta; siendo un reflejo de lo que acontecía aquí dentro. La algarabía de voces pidiendo auxilio, como en el universo de Dante, yo elegía pasarme tiempos enteros delante del ordenador con la pretensión de sacarles de esos círculos viciosos de muerte que no paran de repetirse, que no han parado aún. El cuchillo cortando la mantequilla, la parálisis del sueño, los terrores nocturnos sin estar dormida sobre un coche que se descarrila, el deseo de querer generarme un superpoder que pudiera llevarlo a un lugar seguro con el magnetismo de mi mente. La incertidumbre, el escepticismo del misticismo, el misticismo siendo mi domina; sumida en la expectación de la muerte ajena y la propia, los marginados de la sociedad persiguiéndome, tocando el timbre de la puerta que podía llevarme a otros mundos, como la puerta del castillo ambulante. Dibujé la música para poder olvidarme del terror, y la música empezó a formar parte del mal viaje de unas setas alucinógenas que nunca comí. La dopamina desbordándose del cráneo, mis tres millones de años como Gea, la ira, la rabia, el duelo por el genocidio que no fue metáfora, que fue real en mi mente. La silla de ruedas, el paro cardíaco inminente del tango que bailé con la muerte para poder salvarlos a todos. El karma por no haberlo pensado con antelación. No ser nadie, más sentirlo todo.
La gata maullando, el cáncer, los recuerdos falsos que en la copa del árbol que es mi mente empezaban a desprenderse como hojas y no caían. Flotaban y yo pasaba la mano para luego cortarme, para luego lamerme la herida, para poder equilibrar el karma cuando yo no creía en el karma, ni en los demonios, ni en la fantasía que conforma el imaginario colectivo. El psiquiátrico, las lagunas otra vez, el intento de escaparme del hospital, de una realidad que no había manera de comprender cómo había podido llegar a ese punto de no retorno. Ayudando a que una chica recordara cómo coger una cuchara, la empatía, los boleros, el gitano Willy, ganar y perder al ajedrez, las historias desgarradoras, sentirse abrazada. La recuperación, el tsunami mental de la mental illness, las flores, el sabor, estar de vuelta.
Tú no sabes, tú no sabes...

19 oct 2017

Los dolores

Algunos dolores son como el alquitrán. Otros resuenan como un zumbido que no cesa. Los hay que pueden llegar a cortar la mantequilla con el cuchillo en incandescencia del rayo que electrifica el ambiente; otros son simplemente el silencio que escapa entre las calles de una ciudadela en ruinas que fue abandonado por la humanidad en etapas ancestrales. La tela que es rajada entre dos manos en una habitación oscura e íntima en noches de lujuria.

Los primeros pueden resolverse fácil volviéndolos combustibles fósiles que pongan en marcha el motor de la creatividad. Los segundos se curan con la música. A los terceros les resuelve la comprensión. Los cuartos pueden encontrarse en su pasión por el arte que permite la expresión del individuo encarcelado en su mente. Los quintos... Nada tiene de malo resolverlo con sexo.

19 abr 2017

En el último trago

No quiero que envidies
no,
no lo quiero
Sólo quería que me recordaras alguna vez.
que lo recordaras,
sólo que lo recordaras
para cuando alces una cerveza
en algún brindis donde yo no esté presente
si te nace, me incluyas
No rayes tu mente en si es consciente o si inconsciente; todo lo contrario.
Sólo alza esa cerveza y mírame; dentro; si me paseo en tu mente cuando el movimiento y el ambiente
que crea lo abstracto de un recuerdo te evoque mi frente, mis manos y mis pies.
Hazlo, como si al cerrar los ojos tras beberte un trago saboreases como una agitación
que el recorrido de tu garganta son esas partes de mí; húmedas,
donde me remojas, formando un cuenco con tus manos
de manera que al verter ese pequeño estanque sobre mi pelo,
todo se vaya por el sumidero.
Acarícialo; a mi pelo, claro.
Así pues, tu garganta podrá llegar a ser el escenario de lo acontecido;
tanto mi cuerpo como esa bañera que trata al alcohol como bálsamo,
que escuece, que cura, y crea placer en el dolor de ese, mi corte, que no voy a saber abrir más
porque está cerrado y ya sólo veo cicatriz.
La tuya y la mía,
o la de otrx.


16 ene 2017

Batiburrillo de caos y lucidez

La mente me está pidiendo que me explique un sentimiento, cosa que el lenguaje no puede llegar a abarcar en palabras, porque sentir ya es un lenguaje en sí mismo. Empatiza conmigo; abre las puertas y usa la llave en el cerrojo de la cara B del alma. Olvidas que igual que con la voz, interpretamos lo sentido con un abrazo, un beso o la mirada.
Explicar un sentimiento sólo es posible si lo comparo con otras cosas que los cinco sentidos, o seis o siete, perciben. Así mismo, un sentimiento sería como el eco que extiende el vacío a un golpe de voz, tras el que se crece un silencio predecesor que difiere entre otras clases de silencio. Podría ser como una gota que cae y donde se puede apreciar la luz rojiza a trasluz de un sol que se pone.
Sería el tacto de algo vivo que vibra al contacto con la piel. Sería el agridulce sabor de la bocanada de aire que alguien da después de haber guardado el aire en los pulmones. La imagen de la ruina tras el paso destructor de la guerra con su inconfundible olor a pólvora, humedad y abandono, quizás. O sería más acertado subrayar la imagen de la creación en esas mismas ruinas donde empieza a crecer vida, envolviéndolas en flores, en vegetación e insectos. Si aguzamos el oído, sin duda se podría escuchar su instintivo ruido a ausencia, a desazón y a risa salvaje; histérica.
Sí, un sentimiento se puede comparar con el sentimiento de otro, que nunca podrá llegar a ser similar al mío. Sería más acertado compararlo con la naturaleza de las cosas que por alguna razón existen y ellas nos facilitan el camino al propio conocimiento, sobre ellas y sobre lo que tenemos adentro.

Ya he dicho suficiente.

21 oct 2015

Pues rojo

Bueno, creo que he terminado de tirarme por la borda. Fui primero azul, seguido de níquel y por último el rojo. Es un rojo que lo ha cubierto todo en homogeneidad siniestra, que no simboliza ni fuerza ni fuego interior. Sólo es el rojo silencioso de un bote de pintura que se derrama ante la mirada impasible del que lo mira.

La mezcla cae en resbaladizo descenso, espeso sobre la madera de este barco que fue tontamente astillado a lo largo del viaje. Cae sobre mis manos, sobre mis pies y mi frente y ese peso me hace echar a andar como si fuera la gasolina que funciona en mi motor. Pero no para de bramar el viento que de un sólo grito endurece el mejunje que me embalsama hasta detenerme por completo. Se me habría ocurrido aspirar poco a poco el azul, el níquel y el rojo, pero no puedo hacerlo. Comprendo que no es materia lo que tengo sobre la piel, pues el azul es un color, por lo que literalmente no existe en este mundo; el níquel está en cambio constante y esa inestabilidad me impide acercarme al núcleo de la enzima para poder volverlo maleable a mis manos; y el rojo es sencilla nada. Una señal de advertencia. Un sentimiento que se pinta solo para hacerte entender que algo malo sucede. Soy tan ignorante y despistada que no pude ver lo que tenía delante de los ojos. Sí, era el rojo invadiéndome con lentitud. Primero las manos, seguido de los pies y de la frente hasta el punto de no saber si el problema era ese rojo o si es que acaso había empezado a formar parte del mismo. No puedes juntar manzanas y peras al sumar, lo mismo pasa con los colores y la gente. No puedes sumarme a mí con el rojo, porque existimos en planos complejamente diferentes, por lo que sólo puede permanecer uno en cada plano si no quiere perder esencia. Sin embargo, el rojo radica en mi naturaleza como las manzanas y las peras son dulces y de piel fina.

La decisión está tan en tablas que sólo tengo el molde por hacer, pero algo me dice que es mucho mejor lo que asoma dintelando la figura que el contenido que rellena por dentro con esa mezcla siniestra el interior.

Simple desbordamiento más la más cero necesidad de recogerme toda otra vez. Lo mejor de todo esto es que aún no he averiguado la manera y eso suaviza el aprieto en que la mezcla me tiene envuelta.

1 sept 2015

Algo y ritmos

30/05/2015
En el antes o el después, me plantaría en la O y en su serenidad presente, volviéndose tocada por la locura en su boca cerrada como en un portazo perdiendo de vista la S para poder hallar la D. Sin embargo, entre las dos letras hay un mar de posibilidades que no han sido barajadas esta vez por hastío... por la vulgar vaguería, porque no es nada que no haya visto antes. Y esa es la ecuación sin solución que el polvo va a tragarse de un momento a otro, pero estoy en marcha para experimentar lo que sea que vaya a salirme al paso.

10 abr 2015

Tal como fue

Quisimos salsear y así fue cómo empezamos el drama entre las dos. Porque sí, nos gustaba que hubiera algo en qué pensar, y por qué no, llevarlo hasta el punto de no retorno.

No supimos salsear. Nos faltó auto control, nos faltó relajarnos, nos faltó soltarnos, nos faltó compartir lo que tenemos, nos faltó aportarnos algo más que discusiones, nos faltó entendernos más, comunicarnos más, ser más honestas y sinceras con nosotras mismas y con la otra. Reconozco que no lo fui contigo en algunas ocasiones por no echar más leña al fuego. Pero tú querías que hubiera más llama o eso creí. Y yo sólo quería que hubiera la suficiente para calentarnos pero creí que tu versión iba a ser mucho mejor que la mía, así que le añadí más leña al asunto. Lo creí cuando tú ya te habías cansado de todo. Y seguí sola, echándole fuego a un amor que no existía y me quemé por completo de la llama que creé. Dejé de ser yo misma y empecé a parecerme más a ti perdiendo mi esencia.
Quisimos salsear pero no supimos cómo hacer las cosas bien porque nos faltó mucha humildad y nos sobraba orgullo por todos los poros del cuerpo. Y yo me confundí en tus señales y premisas que no pararon de salir de forma dudosa y acabé perdiéndome a mí misma en ti, y tú en mí, y luego tú saliste y no supiste cómo se ayuda a alguien que has querido mucho cuando no entiende por qué de su mundo sólo quedan cenizas.
Así que no me sorprende que esté molesta porque no hayas tenido más decencia que la de salir con el rabo entre las piernas, osea, cero, lavandote bien las manos para no tener nada que ver con la mierda en la que he dejado mi vida por confiar en ti que te consideraba de fiar. Me pediste confianza y yo te la di. Te dije que era lo más frágil de mí misma. Porque si la pierdo me vuelvo un ser sin sentimientos, alguien perdido. Me rompí el corazón y aún sigue siendo difícil la reconstrucción cuando no consigo encontrar piezas que me hacen mucha falta. Y por encima de todo, más me jode darme cuenta de que no tengo la misma disposición a expresar lo que siento sobre un papel porque me hace sentir una pringada. Pero de eso no tiene sentido que te culpe. No sé ni lo que he podido hacerme en todo este tiempo, como si me hubiera puesto hasta las cejas de aya-huasca y tras el trance tenga una configuración diferente en mi cerebro. Tengo lagunas, no recuerdo mucho y es que los petas han hecho mucho daño. Quiero verdadera liberación. pero es importante que me siga dando el tiempo que necesito. Quiero tranquilidad y me la voy a dar. Quiero dibujar y lo voy a hacer. Quiero estar mejor, y lo voy a estar. Me lo debes, Universo.

25 feb 2015

Ensayo de putas ganas de nadar en profundidades que me ahogan


El tiempo ha sido durante años tan temido por aquellos que no han sabido recolectar en sus prados los recuerdos que ya no volverán. Y arrepentirse, sin embargo es un descuido que te empuja violentamente por lo que nadie está dispuesto a asumir si no consigues poner en cosmos cabeza y corazón; raciocinio e instinto.

La pérdida es la muerte como la muerte es la pérdida y cada vieja paradoja es tan sólo la misma reiteración en número pi. Todo lo que conocemos tiende a repetirse en bucles. Descendimos a los infiernos con paso petulante encontrando en caminos de bandidos supuestos pedazos de lo que un día nos hizo libres. Sexo, cigarros y palabras que nos devolvieron el dominio. Así que estamos tomando sin duda la decisión de ser nada más que nosotros mismos, que se basa en erradicar en lo absoluto nuestros placeres en el fuego demoníaco que es obviamente nuestro vicio. Amemos ese vicio intensamente como la prueba de que aún hay sueños que podrían suponer la transformación, la transición y el regocijo de haber visto que toda conexión consciente pasa a través de mí formando nuevos recodos de adentro hacia el mundo. Hablo sin abrir la boca, con los ojos de quién se ha llenado de locura por golpear a su antojo las ideas contra las escápulas a traición. A sabiendas de que no traiciono mis premisas, si no la prisa de encontrar la vida que no crece dentro de mí. Me entristece la desazón de no saber nada a pesar de la experiencia. Estoy triste porque me quise desinhibir hasta el punto de no volver a nada conocido. Parece ser que me he asesinado y claro, sangro como todos. Si ya sé que no sólo el sexo puede salvar mi oniria, pero en cierto sentido sólo en cuerpos adyacentes al mío hallé mi libertad. Y nadie, por no saber explicarme o quizás es que no exista comprensión sobre mí, entiende lo desesperante que puede ser para alguien que ha amado tanto al amor tonto haberse perdido intentando encontrarse. Algunos dicen que es que amo al amor de forma altruísta y ahí está el conflicto. Yo creo que amo el conflicto. Y ahí está lo auténtico de Dramor, ese dragón que comenzó a soplar fuego de su boca quemando uno a uno nuestros árboles frutales y con hijoputismo innato fue prostituyendo la idea de que amor sólo es dopamina en el cerebro.


No sé cómo he podido llegar a separarme la piel de los huesos cuando no se nota ni la brisa que me suaviza. El viaje astral nos dejó a la orilla en playas de infinita lejanía y exagerada adversión Si ya no veo, y por no ver, no me decoro el interior porque está seco echando de menos el sabor agridulce de los besos que te quitan los adornos dejando sólo la fealdad de esos huecos nihilistas y se van; la nada en tiempo desconocido. Espero que alguna cosa me sepa a verdad a partir de este mal trago que se llevó la pasajera que anida tiroteos bajo parpadeos innecesarios. Pero píntame de frescos, de sarcasmos, de conocimiento. Por favor, desearía que me nutrieras sin vértigo a caer en pozos libres de miedo. No me gusta lo que escribo, tú que me estás leyendo tampoco te gustará la sensación de perder un poco de tiempo al leerme para no entender ni un ápice de lo que digo. Pero creéme si te aseguro que no escribo para mentes que se vacían de intentar al menos darles un sentido.


Quitándote de en medio quebraderos de cabeza sólo puedo decir que estoy endeudada con el frío que me deja en números flojos. Que me entiendas, joder, que no me veo bien, que tengo ciego el tercer ojo, que la boca me sabe a cenizas y el ámbiente me huele áspero. Que vivo soldándome las sienes por si un día me sale volando el cráneo. Que te quiero, vida, pero pocas veces has sabido devolverme lo que me es propicio. Y ya estoy cansada, vida, de encontrarme dispersando mis facetas en despedidas que no se dan, en abrazos que se niegan por miedo, en pateos que no di por gilipollez. Que lo siento tanto, vida, por no recordarte bien. Que me duele tanto, vida, darme cuenta de que me tragué el alquitrán y ahora me quema el veneno provocándome estas porosidades que doy en tonos de voz. Que me quiero follar mejor de lo que alguna vez creíste haberlo hecho, pues mentira, y lo siento, por no haber sabido cómo se entiende de verdad el alma. Y siento sin culpa el nudo en mi garganta por si no vuelvo a aprender a ver el mundo como lo veía, porque en ese mundo existíamos todos a mi manera única de ver y nadie lo cuidó. Me siento herida de muerte. Donde hubo destrucción, también hubo construcción pero el ambiente huele a sucio cemento seco donde antes habían fragancias. Asco y miedo en las venas. Te digo que tengo miedo, vida, y siento que me mal instruyera en poderes cobardes. Pero sí, sin duda también siento que no supieras entender lo que supuso la autodestrucción. Con ella, desaparecí yo, pero sobre todo, todo el mundo desapareció en un apagón, y al estar en número rojos, vida, más siento no poder darle luz al gas oscuro que no podría reflejarla. Te sigo odiando, vida, por haberme creado la sensación o fusión de estar sola con una cabeza que cada vez entiendo menos como si me colara de lleno en una espiral hacia dentro de mí misma para caer en gravedad 0. Flotar sin sentido, ¡qué más quiero! Emociones que más quiero me dejan, me olvidan, me entierran en soledad ácida. Dame un bocado y verás a qué sabe el limón solitario del frigorífico. Y no me gustaría, y lo siento vida, porque no me gusta por saber que a ti tampoco te gustaría encontrarme si ya no soy.



-Ensayo de putos sueños de nadar mar adentro.-

La dubitativa

El tren estaba a punto de salir. Su pitido me había hecho perder los nervios casi de inmediato y no conseguía sentir otra cosa que no fuera el eterno pause; mi cuerpo paralizado por la incertidumbre. No estaba segura de nada en aquel momento y lo sabía. Como quién ha visto a la parca pasar ante sus ojos, en ese caso yo me quedé como estatua de sal visualizando en mente y cuerpo lo que supondría no coger el dichoso tren, y, así por mi mente se fue materializando en proyección la serie de sucesos devastadores que me dejarían aún más seca si cabía, y esa era autodestrucción de todo lo que era mi vida. Las "flores", lo nuevo, la frescura, el sabor, mis conocimientos... todo lo que una vez creí conocer subió a ese tren y se marchó después de haber estado esperando más de lo que debiera a una yo dubitativa y llena de verdadera psicopatía que recogía su pie en el aire con clara intención de dar un paso pero lamentablemente otra vez lo dejaba en el sitio del que yo tan dubitativamente idiota no le permití despegarse ni si quiera horas después de que ya no estuviera en andén alguno.


Y el pitido volvía a pedirme a gritos que subiera y yo estaba demasiado asustada, plantada, siendo el árbol que te encuentras un día en el jardín sin cómo ni por qué bajo la suposición de que alguien dejó caer por accidente la semilla de la desesperación. Sí, aunque comprendía que había llegado mi hora, el punto de inflexión o como se entienda. Sin embargo, no me apeteció aceptar los cambios en el guión.
Al final mi cuerpo no se movió ni un milímetro aunque mi mente soñó que se subía a uno de esos vagones sin dudar en dejar el recipiente vaciƥ tras de sí, como si hubiera sido una ameba que se había cansado de vivir a la sombra de su hermana, que quería ser libre y en un arranque dejó a la defectuosa y subió con espíritu libre al vagón. Pero seguía soñando despierta después de todo pues la chica que algún día fui se había quedado atrapada en esa estatua de sal en medio de ninguna parte y lo que se había ido se trataba de mis ideales. Mi otra y y mejor versión de mí. Me eché a llorar y lo pasé mal. Y ahora quisiera volver obsesivamente al estado que se sentó en algún asiento de ese tren-ida. Habrá alguna forma de hacerlo volver o quizás es que al mismo tiempo la esperanza fue de polizón creyendo ingenuamente en mi promesa de seguir adelante a pesar de todo.
¿Y qué se hace cuando pierdes la esperanza? ¿Qué se hace cuando pierdes la cabeza? ¿Qué haces con la vida cuando no dejas de perder trenes mientras resoplas de aburrimiento? Yo lo sabía, me repito pero me sigo preguntando sin poder entender lo que me pasa/pasó para responder con algo válido.

Y las lagunas mentales en este mundo no han hecho mucho por sacarme de este show anafiláptico que sigue pesando mi alma en gramos.

Reallyrealief

6 ago 2014

Alimarromas significa alucinógeno

                           -Se hizo un éxtasis en negro-













¿Sabes qué?
Se me ha desvelado un oído
de no posarlo contra tu ombligo
y ahora no para de escuchar, a susurros,
que echa de menos el ruido del goteo
que hace tu respiración saliendo de tus pulmones
al otro extremo del tapón.
Y no sabes lo que me gustaría que estuvieras aquí
para que mi boca recogiera tu saliva,
que tiene el sabor más dulce, tierno y brillante
que nunca he probado en este mundo insípido e insonoro.

27 jul 2014

Piensa afanes y recogerás ciegos

Esta mañana me he sentido abatida nada más abrir los ojos como si la vida se tratara de más cosas a parte de nuestro deber y deseo por afrontarla.
La personas nos hemos vuelto insensibles. No es que ese sentimiento no estuviera ímplicito desde un primer momento en nuestra forma de relacionarnos, si no que ahora es una manera de comportarnos casi en todo momento. ¿Qué ha sido de dejarse llevar por lo que sentimos? Desde un punto de vista objetivo, el romanticismo que impregna el universo de las emociones se percibe desde fuera como un intento para mantener los sueños a flote. Si parece demasiado sensible la belleza de la pura sensibilidad hasta el punto de percibirla con desasosiego, ñoñería e inexistencia es que lo es. ¿Es posible que el romanticismo haya muerto o que se haya vuelto tan difícil de encontrar que ya no nos planteamos si puede existir? Mi cabeza se dedica a separar en dos caminos diferentes que se abren como un árbol cronológico de posibilidades, como Mr. Nobody en aquella película dando saltos en el tiempo que no impedían su avance lento y agónico aunque por otra parte sea un punto de inflexión ideal para la cuestión y el cambio. Sólo la idea de pensar que pueda dar rienda suelta a la imaginación y que se desate un sinfín de posibilidades, me cubre de una manta asfixiante.
Nada se sabe y lo que se sabe ni si quiera tenemos en cuenta si es importante o no.

Las personas que van de cabeza hacia lo que quieren, viven en un continuo espacio-tiempo en el que el pasado es sólo una prueba recordatoria de que estuvieron vivos tiempo atrás, antes incluso de llegar a pensar que un segundo después esa experiencia se convertiría en parte de nuestra historia. Quiero decir, ¿recordamos realmente lo sucedido tal como fue o acaso guardamos las sensaciones que se pasearon por nuestro cuerpo y mente (obviando que ambos conceptos se encuentran en un mismo sitio: la mente) en ese instante concreto? Me refiero a si lo que nos llevamos sólo es nuestra propia interpretación de los hechos o a parte recogimos la visión, la forma de pensar y de sentirlos por aquella persona con la que compartimos la experiencia. ¿De verdad compartimos momentos y pensamientos si esa circunstancia no se da? Porque de otra forma, nos hemos pasado gran parte de nuestra existencia dedicando el tiempo que tenemos para entretenernos mientras no tenemos otra cosa que hacer que esperar el final del film como si éste fuera demasiado aburrido, una eternidad más allá de la inmortalidad, viendo pasar la vida que nunca nos ha llamado la atención pero no podemos hacer otra cosa que permanecer en ella a expensas de que algo la haga diferente. Ese algo es el amor, romántico o no, pero aún sin que se trate de ello, abrazamos nuestra existencia, esa respiración intermitente que nos dice “Eh, estoy aquí” y la cualidad creadora de profusas variables que, sean del tipo que sean, nos hacen únicos y especiales. La imaginamos, nos la cuestionamos e intentamos que la idea de vida que nos gusta sea adecuada y afín a nosotros aunque sea inflexible y sólo nos sirva para ignorar lo solos que nos encontramos de vez en cuando.
Y digo yo, echo de menos estar enamorada de quién soy y nunca me había fijado en que todo depende de hacia donde se dirija ese sentimiento. Así que quizás sea un buen momento para dejarlo estar y no obsesionarme... ¿Acaso la aceptación no es la única manera de reconocer que nos gusta estar aquí? ¿Acaso cuando estamos solos en realidad estamos con nosotros? De esa forma, no considero la soledad como un calvario porque me gusta estar sola y habrá más ocasionas para sentirme completa y parte de mí.

Pero eso no significa que no vaya a sentirme perdida en el propio caos de mi cabeza con que consigo reajustarme de nuevo, reinventarme por dentro e intercambiar la perfección por la superación. El mix de ingredientes que necesita mi motor para asestar los rugidos y los arañazos que acojonarían a la misma infinidad universal. Al menos la exageración me hace gracia.

24 dic 2013

Dualidades especiales




















Nadie dijo que fuera fácil,
eso de quererse
con "errores" de accesorio,
quizás todos sueñan
demasiado en su ombligo,
siempre fijándose en lo poco
sin sueños de alegría de bolsillo.

Pues las pequeñas cosas
son las que nos hacen libres,
pues en tu pequeño mundo, no hay cadenas,
si no galaxias enteras
de quererte contigo,
de quedarme conmigo,
y que seas lo bonito
de lo que escribo,
sin dolores ni goteras,
que no sean de pasar
más de una noche
sin frío...

Eres,
existes
y te vivo,
mas avivas
con tu ruido
mi sordera,
cuando el mundo se silencia
porque grita tu cuerpo y el mío,
y lo bonito que puede ser
desgarrarse a veces
con lo bien hecha que está tu boca.
Que no hay relojes,
ni tiempo que se agote,
sólo eclipses de lunares
provocados por mis dedos
atraídos por la gravedad
de tus descuidos
al mirarme el culo
cuando llevo puestos tus pitillos.

Ya sé que no me entiendes
cuando hablo con metáforas,
ni tampoco conoces
el motivo de ponerme tu ropa,
cuando la mía se toma vacaciones,
ni yo a ti cuando hablas con razones
de quien se ha quedado sin locura,
golpeando, con soltura, mi boca
con tus besos áridos,
por eso yo te hago perder la cabeza
y tú me haces hallarla,
sin más armas
que cuatro ojos
sin mirillas
y sin miedo.




20 nov 2013

De destellos y espejismos


Una vez me dijeron que no hay palabras sin silencios entre ellas.
Vas como si nada, dejando que el mundo vaya cambiando tu alrededor, quién eres y tus porqués. Quién quiere, puede perder el rumbo en estos días de tormenta, de acabar salvajes y dormidos bajo estrellas que no brillan. Y a la intemperie, con el frío a oleadas y sin abrigo, vas apartando la hojarasca, rescatando de debajo de la tierra los quejidos que hacen temblar los cimientos, que endureces cada día.

He querido acallar durante siglos el rugido que quebranta mis quimeras y, como un eco atrapado en el limbo, vuelve e interrumpe el viento a favor. “No vayamos tan despacio”, me dije sin oírme. “No vayas tan deprisa”, me dije sin tiempo. Porque nunca es demasiado pronto o demasiado tarde, pero siempre es tarde demasiadas veces.

Veo vacíos donde hay espacios, silencios donde deberían empezar las palabras. Promesas que pierden altura con mi vuelo raso. Y algo, pequeño e importante, muere aquí dentro, con la falta de oxígeno. Pero nunca del todo.

Respiro y recupero de un golpe los sueños, perdidos como niños en “nunca jamás” que no me atreví a pronunciar. Aparto con la mano los pájaros carroñeros, ingenuos de creerme abatida y no moribunda, y desato junto con los nudos de estómago, la mordaza que silencia mis pasos. Asusto a los fantasmas abriendo las ventanas, iluminándome confiada de no encontrar más que telarañas por el desuso. Soplo y levanto el polvo que cubre la piel muerta de lo que fui. Enciendo las luces, pongo en marcha el show de los actos y segundos vividos, como un rodaje casero: tierno y lejano. Entiendo el proceso, apunto inquietudes y beso las corazas y armaduras que se cambiaron por mí en algún momento. No las echo de menos y me descubro segura de quien camina ahora. Y, al desquitarme de vestidos carcomidos, las interferencias cesan; la piel coge aliento y continúa.


Así, desde que la libertad para mí pasó de naturaleza a modo de vida, acepto que hay veces que los silencios entre palabras sólo sirven para coger aire y seguir usándolas.


11 oct 2013

Establecidas

Pusimos a punto nuestras armas, acicalando cada recoveco de sus estructuras, abrillantando las zonas polvorientas y carcomidas y reconstruyendo desde los cimientos nuestras capacidades muertas. Levantamos la mirada casi al unísono y perdimos la orientación al mirarnos a los ojos. El tiempo parecía espesarse con el aire, congelando los átomos en el universo y creando una atmósfera, que como una bomba nuclear, sería difícil de olvidar y separar de nuestros huesos.

Desdoblamos lo que somos, relatando nuestras historias y descosiendo las heridas, sin dejar de apuntarnos directamente, dejando a los sucesos hablar por sí solos. Y caí en el hecho de que tal vez sí hagan falta palabras a veces que justifiquen nuestros actos, que no es suficiente con decirnos las verdades y actuar en consideración con ellas, que hace falta también decir a veces por qué las hacemos.

Sólo nos apuntamos y miramos cómo somos, viviéndonos poco a poco, esperando que empiece el invierno para cobijarnos en nuestros duelos de silencios. Nos desafiamos, nos provocamos, para hacer caer el telón y descubrir de qué aciertos estamos hechas. Y ninguna baja esa guardia inamovible, aguardando el momento de explotar como los días que amanece antes de tiempo.

Porque aún nos quedan muchos motivos para echarnos de menos aunque aún tengamos que despertar de sueños que ya se están cumpliendo.

30 sept 2013

El acuerdo

La facilidad con que dos personas de concepciones idénticas, se ven involucradas en un ir y venir de acontecimientos que, por separado, las hacen únicas y en su conjunto, increíbles.
Y que esas personas seamos tú y yo, aprendiendo a soplar y limpiar el polvo de las tapas de los que un día fueron nuestros principios, nuestras teorías, para pasar a ponerlas en práctica, es algo que rompe las barreras y los límites de las costumbres que nos hacen.
Sonreír por ello, porque siempre supe que entre un millón de errores, y tras repasar cada uno de ellos, encuentras la excepción que confirma la regla; la ecuación que no conseguías resolver y dejaste solucionar al tiempo y un día entras en tu cabeza y te la encuentras resuelta en la pizarra. Y esa eres tú, el problema por el qué he apostado tiempo e intentos, en vano, que se ha resuelto por casualidad, por el simple hecho de que era el momento idóneo, en la cantidad exacta y en la mente correcta.
Esa es una de las muchas cosas que adoro de ti, que conviertas mis "problemas" o cuestiones en aciertos. Que seas tan real como cualquiera y que, además, lo sepas.

"Hoy por ti,
mañana por mí,
lo que por mí, tú
y lo que por ti, mío."

21 sept 2013

Punto de inflexión

Antes de acabar siendo, desde un principio, un problema de entendimiento y confianza, tan mundano como lo es creer que el destino no existe y que todo ocurre por casualidad, fui una crédula de lo cósmico. Nunca me paré a pensar en que casi todos nos establecemos en un orden que creemos canalizar voluntariamente en nosotros, pero lo cierto es que casi ninguna persona es capaz de comprender, aunque sí suponer, cuál es su lugar en 'el mundo'.
Porque está la realidad y sus pesquisas, y una de sus muchas enfermedades incurables que es la evasión y en la que alguno de nosotros, de vez en cuando, se ha dejado caer, como yo caigo miles de veces buscando encontrar esa diferencia entre todas las veces anteriores.

Quizás haya llegado el momento de dejar de reparar en el hecho de que estamos vivos y empezar a aceptar que somos reales.






"No es venganza, es ley de Newton: Para cada acción hay una reacción."

7 ago 2013

Las sobras de las noches que me ceno



Mira que hora es
que parece que esta noche
haya sido fabricada con tus ojos.
Y yo aquí, fumando a la intemperie
y ajustándome el reloj
para vivir de cero.

No tengo tiempo, sólo el mío
para derrochar
cuanto me deje el día.
Y por eso no tengo ganas,
de perder el poco que me queda
en promesas
que dependen de él,
en mañanas de contar las estrellas
que me bebí ayer.

Me quedan los días
de acabar sin nada
de lo que necesito,
porque sólo necesito
lo que ya tengo.
Que los sueños mueren
al despertar
y yo he conseguido tenerlos
con los ojos abiertos.

Y eso,
ni tus ojos,
ni tu voz,
ni tus poemas
de cigarro en la cama,
pueden desasirme de la idea
de que tenerte es una casualidad
y no una elección.